«Prefiero pelearme con el mundo a tener que pelearme con mi hija»

Nació como Luken hace 5 años pero desde hace doce meses todo el mundo, en la pequeña localidad guipuzcoana de Asteasu, le llamaba por su nuevo nombre: Lucía. Un juzgado de Tolosa emitió el pasado octubre un auto, divulgado esta semana por la asociación de familias de menores transexuales Chrysallis, que autorizaba legalmente el cambio, al entender que la criatura, que cumplió cinco años el pasado mes de diciembre, presentaba un «cuadro clínico de disforia de género». La madre, Abi, asegura que todo se ha desarrollado de forma «natural».

-¿Cuándo aprecian los primeros signos de que Lucía sentía que era una niña?

-Ha sido siempre una niña, a la que le ha gustado lo socialmente femenino: juguetes, ropa. Nunca le hemos puesto ninguna pega, fue como un juego hasta los tres años, tres años y medio. Nosotros utilizamos, en el día a día, en familia, el euskera, que tiene adjetivos neutros. Cuando ella empezó a utilizar el castellano para hacer referencia a sí misma, para decir «estoy guapa», dijimos: «Qué raro, aquí hay algo más que se nos está escapando un poco».

-¿Cuál fue el momento clave?

-Nos preguntó un día: «Tengo pene, ¿puedo ser una niña?». Decidimos no responder un «sí» ni un «no». Nos pusimos en contacto con Chrysallis y nos dieron mucha información. Hablamos muchísimo con familias, y fue en uno de esos días en que nos dijeron «quizás tengáis una niña con pene», cuando nos dimos cuenta de que definía perfectamente a Lucía. En una de sus preguntas de «tengo pene, ¿puedo ser niña?», le dijimos que sí.

-En septiembre solicitan el cambio de nombre.

-Nuestra intención no era hacerlo tan pronto, pero nos dimos cuenta de que pequeñas cosas, como la receta médica, seguían figurando con su nombre anterior. Un amigo nos dijo: «Si vais al aeropuerto, ¿qué va a pasar? Porque en su pasaporte y en su DNI figura un nombre masculino, la foto de un niño». Pensamos que podíamos encontrarnos con dificultades que hicieran que la niña y sus hermanos se sintieran mal. Decidimos intentarlo y nos ha salido bien.

-¿Temieron precipitarse?

-Dijimos: «Vamos a intentarlo. Si sale bien, pues bien, y si sale mal, a intentarlo otra vez». Fue inercia.

-¿Quién elige Lucía como su nombre?

-En las Navidades anteriores decidió que quería cambiar de nombre. Su hermano mayor propuso Lucía, les gustó a todos y de ahí surgió.

-¿Les costó asumir su condición sexual a una edad tan temprana?

-Hasta hace un año, año y medio, yo la transexualidad la relacionaba con la edad adulta e igual en términos no sé si negativos, pero desde luego no muy positivos.

-¿Cómo lo asimilaron?

-Hay una frase de una de las madres de la asociación que se la voy a robar. Dice: «Prefiero pelearme con el mundo a pelearme con mi hija». Como padres, lo único que buscamos es la felicidad y el bienestar de nuestros hijos. Cuando te das cuenta de que está simplemente en respetar lo que es, ya está. Lo demás viene rodado.

-Tienen otros tres niños pequeños. ¿Cómo lo han llevado ellos?

-Ha habido momentos de altos y bajos, momentos de tensión, porque todos hemos tenido que romper nuestros esquemas. Hemos intentado enseñarles a nuestros hijos a que amen la diversidad.

-Hubo un proceso por su parte.

-Siempre nos han dicho que, en base a tus genitales, eres hombre o mujer. Y la realidad no es esa. En la mayoría de los casos, evidentemente, va acorde a sus genitales, pero no en todos. Ella lo resume bien. Suele decir: «Cuando nací me mirasteis el pitilín y pensasteis que era un niño, ahora habéis aprendido a mirarme el corazón».

-Demuestra una gran madurez.

-A la hora de hablar de sus sentimientos se expresan de una forma poco habitual para la edad que tienen. Convives con ellos y lo entiendes perfectamente. Es su necesidad de decir a todo el mundo que están equivocados.

-¿Y el día de mañana?

-Nosotros, sus padres, no somos sus dueños. Simplemente somos sus guías. Le vamos a poder informar de los pros y de los contras de las muchas cosas que se van a encontrar ella y sus hermanos en el camino. Y ellos serán los que decidan, y nosotros seremos espectadores de sus vidas. Ella decidirá en el futuro lo que quiera hacer, y lo que decida será lo mejor para ella. Seguro.










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