«Mientras derribábamos el Muro de Berlín hemos levantado otros muros»

La historia cuenta que, por culpa de un periodista, el Muro de Berlín cayó un día antes de tiempo en una noche que iluminó el mundo. Hoy los periodistas cuentan que, por culpa de no ser fiel a sí misma, Europa está construyendo otro muro que también quedará para la historia, que atenúa la luz del viejo faro moral y que también cierra la puerta a quienes huyen de la guerra apelando a los valores de solidaridad, libertad e igualdad que un día fueron importantes para la Unión.

«Europa ha dado un espectáculo bochornoso», lamenta Álvaro Gil-Robles, excomisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, quien insiste cuando apunta que las instituciones europeas han respondido de una forma «muy floja» al problema de los refugiados. «Hemos puesto al ejército, a la policía, a los perros e incluso serpentinas de hierro ante una pobre gente que huía de la guerra, de la miseria y de la desesperación», censura un hombre que ha trabajado mucho por Europa y que hoy no da crédito ante el «ejemplo» que se está dando: «Cuando estábamos derribando el muro de Berlín, hemos levantado otros muros».

Pero Europa no sólo ha perdido el rumbo, a juicio del excomisario, con «los de fuera», sino que ha olvidado otra de sus misiones fundacionales. «Se gobierna para el interés de todos y con un principio que se llama so-li-da-ri-dad», recuerda, con especial énfasis, Gil-Robles, quien anima a «cambiar el chip» a Bruselas: «Tienen que entender que se gobierna para los ciudadanos europeos, no para los funcionarios europeos ni para el interés de un país». Al hilo, el expolítico, que atiende a ABC con motivo de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, tampoco entiende la deshumanización de algunas decisiones comunitarias.

«Me parece impensable que en un momento de crisis de identidad europea y de desencanto hacia Europa, las autoridades de Bruselas sigan pensando que hay que castigar a España por los resultados -de déficit- que ha habido, con el sacrificio que se ha hecho, como si esto fuese un problema de un consejo de administración», argumenta Gil-Robles, quien achaca a las instituciones europeas «una falta total de entendimiento de la sensibilidad del pueblo».

Sin miedo

Para Gil-Robles, Europa afronta ahora un momento «difícil» como consecuencia de la pérdida o, cuando menos, olvido transitorio, de los valores fundamentales sobre los que se construyó ?«No hemos sido capaces de transmitírselos de una manera sólida y seria a las nuevas generaciones», dice?. Por ello, además de por el efecto destructivo de la crisis, han surgido movimientos populistas y xenófobos en los principales países comunitarios. «Pero, ¿qué está pasando?», se pregunta Gil-Robles, quien nunca esperó que esto pudiera ocurrir. «Lo que hace 15 años nos parecía imposible, como que una extrema derecha, antieuropea, racista y xenófoba triunfase en Europa, hoy es un peligro real», advierte.

Igual de real que el adiós de Reino Unido al proyecto común, donde nunca ha parecido muy a gusto, como sabe el excomisario. «Ha estado torpedeando la Europa política desde el primer momento, sólo ha creído en el mercado», comenta Gil-Robles, quien advierte que «no hay que tener miedo« al Brexit, ya que con la salida del Reino Unido de Europa se abre «una oportunidad para volver a reconstruir la identidad política y el proyecto de la Unión».

«No por ser muchos nos va a ir mejor», estima Gil-Robles, quien también subraya que en Europa, que «ha de volver a ser coherente», se puede quedar cualquiera «pero cumpliendo las normas» después de que, a colación del problema de los refugiados, el expolítico deplore que hay Estados miembros que no cumplen con los principios europeos, como por ejemplo Hungría. «Hay que poner orden ahí», solicita.

Con Gobierno, mejor

Hablando de orden, en España tampoco vendría mal que se conformara un Gobierno estable, al menos así lo cree el excomisario, más si cabe porque atravesamos un momento en el que están en juego muchas cosas en Europa: «Somos uno de los grandes países económica y políticamente, no tenemos que tener ningún complejo, pero no estamos jugando el papel que nos corresponde».

Solucionar este problema es una cuestión capital y para ello, Gil-Robles apela a los fundamentos de la democracia, donde «no tiene que haber enemigos, sino adversarios». «En política hay que hablar. No se puede decir ?yo con este no hablo nunca? ni por un lado ni por el otro», insiste el expolítico, que ve «irresponsable» sostener la situación actual mucho más tiempo.

Europa tampoco tiene mucho margen para enmendar la plana y volver a ser el faro moral que iluminó al mundo una noche de noviembre de 1989 para, cuanto antes, derribar el muro que acaba de construir, bien en su vertiente migratoria o en la política porque, como dice Gil-Robles, la Unión Europea original, va a volver antes o después: «Pasaremos por esta crisis y por otras, claro, pero tenemos que recordar que cada vez que Europa ha dado un paso atrás, luego ha dado otros dos pasos hacia adelante». Pero para eso, como dice, «habrá que volver a las raíces». O traducido: «más Europa» y más Derechos Humanos, libertad, democracia, igualdad y Estado de Derecho. Cuando eso ocurra, los periodistas también lo contarán.

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