Maquiavelo en la Moncloa

Si consideramos a Nicolás Maquiavelo fundador de la «nueva política», que se pone como fin alcanzar el poder y perpetuarse en él sin restricciones morales, los españoles tenemos un discípulo del ilustre florentino en nuestro presidente de Gobierno. Cómo llegó al cargo y empieza a gobernar parece sacado de sus instrucciones: no fiarse de nadie, engañar a amigos y enemigos, manipular la ingenuidad de las masas y gobernarlas con una mezcla de amor y miedo. Advierto que no pretendo hacer un juicio moral de tal doctrina, por la sencilla razón de ser la base de la real politik practicada por gobernantes tan distintos como Napoleón, Federico de Prusia, Bismarck, Churchill, Hitler y Stalin, entre otros, con más o menos fortuna. Pedro Sánchez la puso en práctica ya el primer día, anunciando que pensaba acabar la legislatura, cuando había dicho que convocaría elecciones cuanto antes. Incluso ahora va más lejos, pues hace planes para «la próxima legislatura», según anunció en la entrevista que concedió a El País, en la que, como la concedida a TVE, fueron pasándole balones para que metiese goles sin nadie en la portería. Sánchez no va a cumplir ni una sola de las promesas importantes que hizo, para centrarse en asuntos tan urgentes como el traslado de los restos de Franco. Este hombre miente como respira e incluso usa su debilidad ?tener escasos diputados? como excusa de sus engaños. De considerar a Torra un racista, se dispone a negociar con él, tras haberle cedido la baza principal de la negociación: Cataluña es un caso político, no judicial, y, encima, tiene la caradura de endosar a los jueces la responsabilidad del traslado de los líderes nacionalistas procesados a cárceles catalanas. Lo patético es ver a Margarita Robles, Grande-Marlaska y Borrell, tenidos como ejemplos de civil courage, defiendo sus embelecos.

Ha engañado a todos e intenta seguir engañándonos en el más burdo estilo maquiavélico. Tiene a su favor un PP absorto en la lucha por el liderato, aunque no descarta atraerle a su terreno, si uno de los aspirantes se deja engatusar. Pero hay algo que tiene en contra, y va a ser su mayor escollo: a diferencia del siglo XVI, hoy se sabe todo inmediatamente. Sin duda la mentira se disfraza de post verdad, pero sólo se engaña a quien quiere ser engañado. Bastantes están dispuestos a serlo, pero son más los que sienten una desconfianza total hacia los políticos. El gran farol de Sánchez con los nacionalistas catalanes y españoles es el timo de la «nación de naciones» y del Estatuto de Zapatero sin las correcciones del Tribunal Constitucional. Torra ya le ha dicho que no, que quiere su República. Junqueras, que tal vez. Nosotros, que estamos hartos y que nos deje saborear el Mundial y las vacaciones. Pero será la serpiente del verano, así que dispónganse a oír que por el mar corren las liebres y en el monte las sardinas, mientras siguen llegando pateras.

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