Manuel Vilas: «La bandera de Estados Unidos cobija a todo el mundo»

«Dedico este libro a todos los deseperados estadounidenses. Dedico este libro al miedo». Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) cierra así su libro «américa» (en minúscula) que nace en las páginas de ABC Cultural, de la serie de artículos que titula «Walk on the Wild Side». Como en la canción de su idolatrado Lou Reed, Vilas camina por el lado salvaje.

Usted llega antes de la victoria de Trump, ¿ve lo que se avecina?

Veo un presagio raro sobre el ambiente. El libro está cerrado a mediados de octubre del 16, a quince días de las elecciones. Entonces nadie daba como ganador a Trump, no cabía en la cabeza que eso iba a pasar.

Dado que usted no es un politólogo sino un escritor, ¿cómo explica este tránsito?

Había presagios en la sociedad americana, extraños presagios que yo notaba, que es lo que yo explico en el libro: el voto catastrófico, el voto nihilista, una especie de desafección general por todos los valores constructivos, que relaciono, en un ejercicio literario, con los basements [sótanos] en la arquitectura norteamericana, las casas de la clase media del Midwest. Y en ese basement, en esa parte oculta de la sociedad americana, he visto a Trump.

Como si fuera un fantasma, ¿da tanto miedo?

Lo que introduce es la arrogancia como forma de hacer política. Esto sorprende muchísimo, porque el americano del Midwest no es arrogante. Será conservador, republicano, tendrá un punto de racismo, pero no es arrogante.

Manuel Vilas siempre ha estado fascinado por la cultura norteamericana, ¿se ha desenamorado después de...?

Cuando les cuentas tu pasión por la música popular, por la cultura popular americana, se preguntan por qué este hombre tiene tanta pasión por esto. Ellos no le dan el valor que le damos en Europa a la cultura popular americana. Probablemente, no sean conscientes del grado de colonización cultural que han ejercido.

«Todo su dinero se lo gastan en armas pero también en universidades con un departamento poderoso de español»
La ignorancia es uno de los tópicos que les definen.

Todos dependemos de las decisiones de EE.UU., lo cual hace que al final un americano que viva en la granja del Midwest tenga la sensación de que EE.UU. es el mundo, y no hace falta tener curiosidad por el resto. Mirándose ellos mismos miran el mundo. Por otra parte, hay una cosa muy clara y es que no se ha generado ninguna alternativa al capitalismo, y ellos lo saben. Fuera del capitalismo no hay nada.

Es fácil que se sientan súpertodopoderosos con súperpoderes. Supermán, en una palabra.

EE. UU. es un país de éxito económico contundente, y el nivel de vida es altísimo. Si no vemos que es la primera economía mundial a base de trabajo e iniciativas que han generado una economía poderosa no entenderemos este país. Eso significa que tienen muchísimo dinero. Se lo gastan en armas, pero también en universidades. Tienen cerca de 4.000, las mejores, y todas tienen un departamento poderoso de español.

En el libro, da la sensación de que usted se siente como Paco Martínez Soria.

Es el libro del español que mira a la América cotidiana llena de cotidianidades. Las sorpresas, para un español, son constantes. Hay una cosa que a mí me fascina de EE. UU., que son las grandes infraestructuras, los puentes gigantescos... Por un lado, fascina y por otro te produce desasosiego. Yo creo que los puentes son como los rascacielos, innecesarios, es como una especie de exaltación del poder del capitalismo.

Ha sacado hace poco un libro sobre Lou Reed, uno de sus grandes ídolos. ¿Lou Reed frente a Trump?

Nadie sabe quién es Lou Reed en el «Midwest». Es una cosa graciosísima: si les cantas el estribillo de «Walk on the Wild Side», les suena esa canción, pero no saben quién es Lou Reed. Este ejemplo sirve para ver ese divorcio entre una América y otra: Lou Reed en el «Midwest» no se hubiera comido una rosca, era un fenómeno neoyorquino. Cuando la noche cae en el «Midwest» y vas por las autopistas, se produce una sensación rara, parece como si regresaras a algo primitivo, a algo atávico.

«Para un escritor EE.UU. es el sitio donde mejor se explica el mundo»
¿E imaginas que te puede pasar de todo?

En esas ciudades pequeñitas? Bueno, pequeñas no, que a lo mejor tienen 12.000 o 14.000 habitantes y no hay nadie en ningún sitio, son todo urbanizaciones. La idea del zombi yo la vi allí de una forma definida: si me aparece alguien por la calle, será un zombi. Pero para un escritor todo ese territorio es fascinante. Es frikilandia.

¿Esta fractura romperá el país?

Uno de los éxitos de Estados Unidos es la bandera? La idea de la bandera sorprende muchísimo: tú de repente estás en el «Midwest» y todas las casas tienen tienen la bandera de EE. UU. Es una bandera que acoge a todo el mundo: a cualquier minoría, a grupos? Los gays y las lesbianas van con la bandera de EE. UU., los afroamericanos también, los latinos también, cualquier minoría étnica, o religiosa, o de la naturaleza que sea encuentra cobijo en la bandera, y la bandera cobija a todo el mundo, porque es la unión. Y esa idea de la unión económicamente les ha ido bien. Entonces, cuando tú ves en España, que es un país lleno de desunión? Porque ser incapaz de generar unión es el fracaso.

¿Cree que habrá una mujer presidenta de EE. UU.?

Sí que la va a haber. Lo malo de Hillary es que cargaba ya con mucho pasado político, y no representaba ninguna frescura, la frescura que sí representó Obama cuando ganó.

¿Cuando viene a España se aburre o, simplemente, descansa?

Bueno, yo amo España y necesito venir a España. Allí recibo unos estímulos muy fuertes. Todo ese país es una gran combustión. Europa es como una combustión ya agotada, que se reinventa en EE. UU. En realidad, lo mejor de allí procede de Europa, y ahora del mundo latinoamericano. Viajar a EE. UU. es tocar el centro de la historia del siglo XXI, y es un centro contradictorio. Pero para un escritor es el sitio donde mejor se explica el mundo.

A usted no se le puede leer ni entender sin sentido del humor, ¿cómo es el sentido del humor norteamericano?

«Los Simpson», es justo eso: la integración de la crítica y de la parodia. Si queréis que nos parodiemos, nos parodiamos, y aun parodiándonos y ridiculizándonos, vamos a seguir con este proyecto en común que es este país.

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