Los ultras capitalizan el descontento con Merkel por los refugiados

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«La clave de nuestra victoria es que hemos llamado a las cosas por su nombre», declaraba anoche el candidato de Alternativa para Alemania (AfD)de Sajonia Anhalt, André Poggenburg. «Sencillamente hemos desenmascarado a los partidos establecidos, que adormecían al electorado con su discurso políticamente correcto, a la prensa mentirosa y a todos aquellos que durante décadas se han burlado de la gente de bien», comenzaba a repartir leña apenas supo que su partido xenófobo y de extrema derecha se había convertido en la segunda fuerza política de este estado federado, que perteneció a la antigua Alemania comunista y en el que un sustrato de descontento social que lleva gestándose desde la reunificación ha cuajado al calor de la crisis de los refugiados.

Ante las múltiples preguntas acerca de sus planes y propuestas como principal partido de la oposición, Poggenburg se limitó a decir que «tenemos muchas ideas» y que «vamos a centrarnos en solucionar los más graves problemas de nuestra región», entre los que mencionó la pobreza infantil, el desarrollo económico y la crisis demográfica. Cuando fue cuestionado sobre cómo iban a abordar en concreto este último asunto, el carismático aspirante al gobierno regional respondió que «desde luego que no gracias a los solicitantes de asilo» al tiempo que garantizaba la eficacia de sus vaporosas líneas de acción recordando que «llevo 22 años sobreviviendo como empresario autónomo: créanme, sé de lo que estoy hablando».

Con este discurso, una prolongación del que ha mantenido durante la campaña electoral, Poggenburg ha obtenido un 21,5% de los votos, con el 30% de las papeletas todavía por recontar. A la vista de los resultados, AfD se ha alimentado de dos destacados descensos en la región: el Partido Socialdemócrata (SPD) perdía un 9,5% de los apoyos y Die Linke (La Izquierda), partido que surgió de la suma de la escisión del ala más a la izquierda del SPD y de los políticos de la Alemania comunista reciclados a la democracia, se dejaba un 7,2% de los votos.

Todas las encuestas auguraban a Merkel un castigo por el malestar que ha causado su política de refugiados de puertas abiertas, pero lo cierto es que en Sajonia Anhalt la Unión Cristianodemócrata (CDU) soloe perdió un 2% de los votos respecto a las últimas elecciones regionales y obtuvo el primer puesto con un 30,5% de los votos.

La favorita de la canciller

En cambio, los dos candidatos de Merkel que se llevaron en su cara la bofetada dirigida a la canciller alemana fueron los de Baden Würtemberg, Guido Wolf, y Renania Palatinado, Julia Klöckner. El caso de esta última es especialmente doloroso. Hace menos de dos semanas las encuestas avanzaban que conseguiría la presidencia de este estado federado, por delante de la socialdemócrata Malu Dreyer. Con el objetivo de apurar la diferencia, Klöckner se esforzó en distanciarse de la política de refugiados de Merkel, llegando a intervenciones conjuntas casi chistosas en las que se defendían dos discursos paralelos. Consciente de la urgencia de la situación, Merkel terminó sumándose a la línea Klöckern, exigiendo una mayor integración por parte de los extranjeros en Alemania. Pero el escorzo resultó contraproductivo y finalmente fue Malu Dreyer la que se hizo con el gobierno de Maguncia.

«No hemos conseguido algunas de las metas que nos habíamos propuesto», dijo anoche Klöckner con los ojos humedecidos. «Debemos respetar la decisión del electorado, que ha prestado su atención a políticos que no ofrecen soluciones solo porque se sentían decepcionados de los grandes partidos», decía, en referencia al 10,2% obtenido por AfD en Renania Palatinado. «Pero os digo una cosa», concluía, «para los enemigos de los extranjeros, para los que odian a los refugiados, no hay sitio en nuestro partido, sea cual sea el resultado electoral».

En la sede central del SPD de Berlín, la Casa Willy Brandt, el vicecanciller del gobierno alemán y presidente de los socialdemócratas, Sigmar Gabriel, comparecía también cariacontecido tras conocerse los primeros resultados. Naturalmente felicitó a Malu Dreyer, pero reconoció que «es importante que nos tomemos en serio estos resultados en los que nuestro partido no aparece reforzado, sino más pequeño a escala federal». Gabriel recordó que «Alemania necesita un gran y amplio centro democrático».

En estos comicios votaban una quinta parte de los electores alemanes, 12,7 millones de personas, lo que permite hacer proyecciones de cara a las generales de 2017. En el más poblado de los tres estados federados, Baden-Württemberg, el voto protesta se vuelca en Los verdes, que ya gobernaban aquí pero que se convierten por primera vez en el partido más votado. Su líder, Winfried Kretschmann, que había apoyado la política de refugiados de Merkel, habló de la necesidad de mantener un «humanismo pragmático» y daba a entender que el voto protesta puede ser acogido más dignamente por su partido que por otros.

También el Partido Liberal, que tras haber quedado prácticamente borrado del mapa en las pasadas elecciones generales vuelve a obtener una tímida presencia parlamentaria con un 8% en Baden-Württemberg, un 5% en Sajonia Anhalt y un 6,4% en Renania Palatinado, se ofrecía inmediatamente desde Berlín para formar coaliciones.

Pero el poder de articular mayorías alternativas queda en manos de AfD, que además del 21% de Sajonia Anhalt obtenía ayer un 12,5% en Baden-Württemberg y un 10,2% en Renania Palatinado. Su líder nacional, Frauke Petri, celebró estos porcentajes como el inicio de una nueva era en la política alemana en la que los partidos tradicionales han entrado en «definitiva decadencia».

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