Los traumatismos craneoencefálicos aumentan el riesgo de alzhéimer

Las personas que, aun durante su juventud, sufren un traumatismo craneoencefálico tienen un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer al alcanzar la sexta o séptima década de vida. Un incremento del riesgo, además, que resulta independiente de que el afectado se haya recuperado ?aparentemente? bien del traumatismo. Y es que como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores del Colegio Imperial de Londres (Reino Unido), los traumatismos craneales se asocian con la aparición en el cerebro de las placas de beta-amiloide típicas del alzhéimer, así como que estas placas persisten a lo largo de los años. O así sucede, cuando menos, en las personas de mediana edad.

Como explica Gregory Scott, director de esta investigación publicada en la revista «Neurology», «las personas que sufren un traumatismo craneoencefálico presentan lo que llamamos ?discapacidad oculta?. Y es que aunque parezca que los pacientes se han recuperado bien del traumatismo, en las revisiones clínicas al cabo de unos años observamos que pueden tener problemas persistentes que afectan a su vida cotidiana, como sería un deterioro de la concentración y de la memoria. Y en este sentido, contamos cada vez con más evidencias que muestran que los golpes en la cabeza, caso de los que tienen lugar en los accidentes de tráfico, desencadenan unos procesos biológicos en el cerebro que permanecen silentes durante años».

Recuperación solo ?aparente?

En el estudio, los autores evaluaron a nueve pacientes con edades comprendidas entre los 38 y los 55 años y traumatismo craneoencefálico de grado moderado a severo, en la mayoría de los casos causado por un accidente de tráfico ocurrido entre los 11 meses y los 17 años previos al inicio de la investigación. Como refieren los autores, «ninguno de los participantes tenía una discapacidad física a consecuencia del accidente, pero la mayoría presentaba problemas de concentración y de memoria a diario».

Todos los participantes fueron sometidos a escáneres cerebrales para detectar la posible presencia en sus cerebros de placas de beta-amiloide, esto es, las placas que al acumularse causan la muerte de las células cerebrales y que, como defienden numerosos ensayos clínicos, explican el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

Finalmente, los investigadores realizaron escáneres cerebrales a personas ?sanas? y a pacientes con alzhéimer y compararon los resultados con los de los participantes con traumatismo craneoencefálico.

Y los resultados, ¿qué mostraron exactamente? Pues que si bien las personas que habían sufrido el traumatismo tenían menos placas de beta-amiloide en sus cerebros que los pacientes con alzhéimer, presentaban a su vez una cifra mayor y estadísticamente significativa de estas placas que las personas ?sanas?.

Concretamente, las placas en los participantes que habían sufrido el traumatismo craneoencefálico se localizaban fundamentalmente en la corteza cingulada posterior ?región del cerebro implicada en el control de la atención y la memoria? y en el cerebelo ?la región cerebral implicada en el control motor y la coordinación.

Los golpes fuertes en la cabeza, caso de los que tienen lugar en los accidentes de tráfico, desencadenan unos procesos biológicos en el cerebro que permanecen silentes durante añosGregory Scott

Como destaca Gregory Scott, «es cierto que algunos estudios previos ya habían mostrado que algunos pacientes con traumatismo craneoencefálico presentan estas placas al poco tiempo de sufrir el accidente. Sin embargo, nuestros resultados sugieren que estas placas todavía se encuentran en el cerebro cuando han transcurrido 10 años. Un hallazgo que nos ayuda a comprender por qué estos pacientes tienen un mayor riesgo de demencia y que, asimismo, podría ayudarnos a desarrollar tratamientos para reducir este riesgo».

Menor conectividad cerebral

Es más; los investigadores también analizaron los posibles daños ocurridos en la sustancia blanca del cerebro, es decir, la sustancia que posibilita a las neuronas cerebrales comunicarse entre sí. Y en este caso, los resultados mostraron que a mayor cantidad de placas de beta-amiloide en la corteza cingulada posterior, mayor era el daño en la sustancia blanca. O dicho de otro modo, la formación de placas de beta-amiloide conlleva un daño de la sustancia blanca y, por tanto, de las conexiones en el cerebro.

Como incide Gregory Scott, «el nuestro es un estudio preliminar, pero es importante destacar que los participantes con traumatismos craneoencefálicos no tenían la enfermedad de Alzheimer. Así, los resultados sugieren que existe una ventana de tratamiento para este traumatismo no ya de meses, sino de años una vez ha ocurrido el accidente. Por tanto, si podemos descubrir qué procesos exactos tienen lugar sus cerebros, quizás seríamos capaces de intervenir y mejorara sus resultados clínicos a largo plazo».

Todo ello sin olvidar, como concluye el director de la investigación, «que nuestro estudio también llama la atención sobre lo peligrosos que pueden ser este tipo de traumatismos, alimentando así el debate de salud pública sobre qué podemos hacer para protegernos mejor frente a los mismos».










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