Los robots también crean empleo

La llamada cuarta revolución industrial, o revolución robótica, pone en riesgo el 9% de los empleos de los países de la OCDE (el 12% en el caso de España), según un estudio de esta organización. Es una previsión desalentadora pero que algunos economistas, por contra, definen como una oportunidad: como se ha demostrado en las sucesivas etapas de la industrialización, y mirando la economía en su conjunto, la mecanización no destruye empleos, al contrario, los aumenta, desplazándolos hacia puestos donde, el robot, todavía, no puede sustituir a las personas.

Desmintiendo a los pesimistas sobre este proceso de robotización ?en parte herederos de los luditas que en el siglo XIX destruían los telares en defensa del trabajo «manual»?, algunas experiencias demuestran paradójicamente que la introducción de los robots no solo no destruye empleo a corto plazo, sino que lo genera de manera directa en el mismo emplazamiento donde estos «trabajan». La merma, en una relación más difícil de calibrar, se da en otros lugares. Quien innova gana y crece.

Es lo que sucederá en el gran centro logístico que abrirá Amazon en El Prat (Barcelona) en otoño, que de una previsión inicial de 1.500 puestos de trabajo pasará a emplear 2.100 ?de los cuales un centenar profesionales de alta cualificación? gracias al aumento de la capacidad de almacenamiento y de servir pedidos que implica la introducción de robots. El centro de El Prat, junto al que ya funciona con las mismas características en Castellbisbal (Barcelona), harán que España sea el tercer país europeo en el que el gigante de la logística aplique esta tecnología, desarrollada por su división Amazon Robotics.

Siete kilómetros de ahorro

En la nave de Amazon de Castellbisbal, dedicada al servicio Pantry ?producto de supermercado no perecedero? la visión es sorprendente. En una extensión de unos 17.000 metros cuadrados, 350 robots bailan coordinados una extraña danza. En completo silencio, las plataformas-robot se desplazan de un lugar a otro, transportando encima unos grandes palets donde se acumulan los productos. En el perímetro de la zona de robots ?vetada a la presencia «humana»?, los trabajadores «físicos» preparan los pedidos. A diferencia de los centros de una generación anterior ?como el de Amazon en San Fernando de Henares (Madrid)? no son los empleados los que se desplazan por el almacén en búsqueda de los distintos productos, sino que son los palets movidos por los robots los que se acercan a ellos. Los entre seis y siete kilómetros diarios que camina un empleado en los almacenes convencionales los recorren ahora los robots. Según explica el director de operaciones de Amazon en España e Italia, Fred Pattje, «al no haber pasillos doblamos la capacidad de almacenamiento y de referencias». Amazon no ofrece datos de inversión.

Las especificades de los robots son ciertamente sorprendentes, desde su capacidad de carga (1.500 kilos) o su velocidad (1,7 metros por segundo) a su naturaleza «solidaria»: cuando la batería de uno comienza a descargarse y no puede asumir tanta carga otros cercanos asumen su tarea. La broma sobre el momento en el que los propios robots decidirán que los humanos somos presicindibles es casi inevitable.

El centro de Castellbisbal es solo es un avance, a escala reducida, de lo que se verá en El Prat, que se convertirá, junto a la de Londres, en la plataforma logística más importante de Amazon en Europa, con 3.500 robots y 2.100 trabajadores («humanos») empleados. Es una parte de la apuesta de Amazon por España, que únicamente con las inversiones anunciadas hasta ahora (ampliación de San Fernando, Castellbisbal, Martorelles, El Prat... más los centros urbanos de Madrid y Barcelona, así como los servicios técnicos y de apoyo) empleará a unas 5.300 personas en 2020.

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