Los pecados de Rita Maestre

El 19 de febrero pasado, 24 horas después de declarar como imputada ante el juez por el asalto a la capilla de la Complutense en 2011, Rita Maestre ya intuía que iba a ser condenada. Y en su círculo más cercano no tenía reparos en reconocer que, si el fallo le era desfavorable, como al final ha ocurrido, dimitiría como portavoz del Ayuntamiento de Madrid. Sin embargo, en apenas un mes, esa decisión ha dado un giro de 180 grados. El Viernes de Dolores, nada más conocerse la sentencia, el equipo de Ahora Madrid, casi al completo, mostró un apoyo sin fisuras en torno a la joven política, afiliada a Podemos.

La puesta en escena estuvo capitaneada por la alcaldesa, Manuela Carmena, exjuez y exvocal del Consejo General del Poder Judicial. Lejos de acatar la sentencia, la cuestionó, con aplausos incluidos como en todo sainete que se precie, para Maestre, condenada a pagar 4.320 euros de multa y 60 más de costas procesales por un delito contra los sentimientos religiosos.

Han sido dos los motivos que la han llevado a quedarse en su puesto. En primer lugar, por la fractura que se vive en Podemos, especialmente en la dirección madrileña, tras la dimisión de nueve miembros del Consejo Ciudadano; todos ellos, próximos al secretario de organización Emilio Delgado, quien abandonó su cargo. Y, en segundo, por la cercanía de la portavoz municipal, tanto a nivel político como personal, a Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, líder y número 2 de una formación ahora enfrentada entre ambas familias. «Todo mi apoyo a quienes defienden la laicidad y los derechos de las mujeres», manifestó el primero. «Castigo rancio, propio de otros tiempos. Todo por delante», comentó el segundo. Lo hicieron a través de sus respectivas cuentas de Twitter.

Las turbulencias que se viven en Podemos han hecho que la aludida siga en su puesto en un momento inestable, en el que la formación morada ni puede ni quiere permitirse una grieta más. «No afecta a mi cargo», se limitó a decir Maestre. Su defensa se escuda en que la sentencia no es firme, «es injusta», y la recurrirá.

Sin embargo, el hecho que permanezca en su puesto la lleva a incumplir el código ético de Ahora Madrid, por más que intenten buscar argumentos para negar la mayor. Ese ideario establece el compromiso de renuncia o cese inmediato de todos los cargos ante la imputación de delitos relacionados con corrupción, prevaricación con ánimo de lucro, tráfico de influencias... El listado incluye dimitir en caso de acusación judicial por delitos de racismo, violencia de género, homofobia u otros contra los Derechos Humanos, como es el caso.

Pero para la condenada, la alcaldesa y sus compañeros, eso debe de ser papel mojado. Aunque la portavoz municipal nunca manifestó públicamente que dimitiría si resultaba condenada, en una ocasión afirmó que «probablemente» lo haría. El viernes le dio una vuelta de tuerca al código ético: «En la sentencia no se habla para nada de que haya habido vulneración de la libertad religiosa, que eso sí podría ser un delito contra los derechos Humanos».

«Libertad de expresión»

Además, calificó el fallo de subjetivo y defendió a la política, de quien destacó «su arrojo y valentía en pro de la libertad de expresión». En cuanto al incumplimiento de su ideario, la exjuez zanjó: «Cuando se constituyó la candidatura, se conocía ese dato y se entendió que no afectaba para nada al código ético». Ahora Madrid también cerró filas «por su pasado como defensora de los derechos humanos».

A lo largo de este tiempo, la portavoz municipal, con nula experiencia política y desconocido currículum profesional hasta llegar a Cibeles, ha ido incurriendo en contradicciones, que se destaparon al salir a la luz las imágenes del asalto en la capilla y en el juicio, celebrado el pasado 18 de febrero. Primero negó su participación; luego, obligada por el vídeo, dijo: «Me encontré con una movida preparada. Se gritaron consignas en contra de la intromisión de la Iglesia en las instituciones públicas. Yo me limité a mirar y a flipar con lo que ocurría». Después, rectificó, obligada, y explicó que participó de forma «espontánea en un acto no programado»: «Me entregaron un velo morado y me lo coloqué».

«Era un acto político y pacífico», indicó en el juicio, a pesar de las consignas de: «Arderéis como en el 36», «Vamos a quemar la Conferencia Episcopal» o «Sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios», unas frases que aseguró «no recordar». Negó la mayor, que se desnudara: «Me quité la camiseta, un torso desnudo no es una cosa ofensiva. Vistas las consecuencias, no volvería a hacer algo así».










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