Los libertarios emergen para ser la alternativa de Trump y Clinton

Donald Trump y Hillary Clinton. Partido Republicano y Partido Demócrata. Pese a la encrucijada que amenaza a las dos formaciones clásicas de la política norteamericana, la suerte parecería echada. Pues no. La inédita elección que vivimos da para más. Demasiados grupos de presión y donantes insatisfechos observan expectantes el surgimiento de una tercera vía. El Partido Libertario ha elegido a su candidato, el exgobernador Gary Johnson. Nada nuevo. También concurrió en 2012 y no pasó del 1% de los votos. Pero este año puede ser diferente. Los últimos sondeos le aúpan al 10%. Con el 15%, las televisiones estarían obligadas a incluirle en los debates presidenciales. Un pacto no escrito.

Los libertarios son parte inseparable del país. Con cuarenta años de historia como partido, el tercero con más afiliados, su movimiento despide un aroma tan esencial como utópico. Pura filosofía. Su radical defensa de la libertad individual le lleva a coincidir con postulados de los partidos tradicionales: liberales (en el sentido americano) en lo social y en política exterior, defienden la legalización de la marihuana y la reforma del sistema penitenciario, y rechazan las intervenciones militares de EE.UU.; conservadores en materia fiscal, repudian todo lo que signifique Estado y propugnan suprimir los impuestos.

«Es nuestra gran oportunidad. El 50% de los votantes se consideran independientes y la mayoría del país piensa como los libertarios»Gary Johnson

El senador Rand Paul, candidato fallido en las primarias, representa la cara conocida del movimiento, no tanto del partido. Gary Johnson vuelve a ser el cartel presidencial. El que fuera gobernador de Nuevo México (1995-2003) refuerza su oferta con otro exgobernador, William Weld (Massachusetts, 1991-97), un reconocido hombre de negocios de perfil político transversal que sería el vicepresidente. Fue embajador en México con Bill Clinton.

El optimismo crece entre los libertarios, en medio de un rechazo sin precedentes a los favoritos: del 65% a Trump y del 55% a Clinton. Nunca un tercer partido ha ganado una elección, y sólo un candidato ha logrado la victoria en algún estado: el controvertido George Wallace, en Alabama, en 1968. Sin embargo, en su convención en Florida, Johnson se mostró convencido de que este año es diferente: «Es nuestra gran oportunidad. El 50% de los votantes se consideran independientes y la mayoría de este país piensa como los libertarios, pero ahora nadie les representa».

En el trasfondo subyace la crisis del Partido Republicano. El controvertido Trump va a ser su candidato sin representar sus esencias ni su programa. Hay corrimiento de tierras en el conservadurismo. La familia Bush se ha borrado de respaldar a Trump. Más relevantes en apoyo económico, los hermanos Koch (Charles y David), los poderosos magnates del petróleo que han sostenido a los candidatos republicanos desde 1980 pese a sus simpatías libertarias, también renuncian. Son la gran baza para la tercera vía, como sugiere su portavoz Nicolas Sharwark: «Es hora de que vuelvan a casa».

El más perjudicado

Las posibilidades de victoria de Johnson pueden ser limitadas, pero no las de influir en la victoria o derrota de los otros dos candidatos. Trump puede ser el gran perjudicado, aunque no hay quien se atreva a predecirlo.

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