Los asesores de Hillary Clinton, sobre los e-mails: «Hay que limpiar esto»

Los e-mails difundidos por WikiLeaks no están acaparando el foco electoral, en una campaña en la que el establishment estadounidense, incluidos los periódicos prestigiosos, han construido una suerte de empalizada para evitar que penetre Donald Trump. Si a ello le sumamos que las revelaciones provienen del ataque contra el sistema que estarían librando el controvertido sitio web de Julian Assange y el Gobierno de Putin, presunto suministrador tras un hackeo a las webs demócratas, el resultado es un perfil informativo de medio tono. Pero los 33.000 correos electrónicos que ha lanzado a la red WikiLeaks siguen ensuciando la previsible marcha triunfal de Hillary Clinton hacia la Casa Blanca. Entre ellos, consta uno entre dos de los principales asesores de la hoy candidata, Cheryl Mills y John Podesta, en el que la primera le dice: «Hay que limpiar esto. Él tiene correos de ella?». La primera, una de las más estrechas colaboradoras de Hillary. El segundo, que ha sido jefe de gabinete de Bill Clinton en la Casa Blanca y asesor personal de Obama, dirige la campaña de la posible primera presidenta de Estados Unidos.

Como reza en el encabezado, están tratando de e-mails que Hillary habría enviado a Obama sobre el uso de un servidor privado durante su etapa de secretaria de Estado, asunto de extrema preocupación para ella entonces, marzo de 2015, poco antes de anunciar su entrada en la campaña presidencial por el Partido Demócrata. El intento previo de controlar los daños aparece también en otros mensajes entre sus asesores, pero éste último es especialmente importante, porque apuntaría a que el presidente Obama conocía ya el asunto aquel entonces, pese a que afirmó haberse enterado por la prensa, después de que «The New York Times» fuera el primero en dar cuenta del escándalo algunas semanas después.

Investigación a Obama

Donald Trump, por detrás en todas las encuestas, ha convertido el asunto en el principal ariete de su campaña, en un desesperado intento de intentar la difícil remontada. El candidato republicano exige una investigación al presidente por «mentir».

En un goteo que no cesa, la difusión de correos puso al descubierto ayer también la existencia de una memoria de actividades no precisamente transparentes del expresidente Bill Clinton y Douglas Band, quien fuera su brazo derecho en las actividades de la controvertida fundación que lleva su apellido. En otro lunar que añadir al historial de la institución sin ánimo de lucro, Band relata el sistema que creó para que las demandas de caritativas donaciones a las grandes corporaciones para la Fundación Clinton llevaran aparejados ingresos para la familia, resultado de sus propias presiones, a través de la firma que presidía, Teneo. Generalmente, las percepciones se materializaban en discursos del expresidente. Y cita a Coca-Cola y a Dow Chemical como ejemplos de las compañías que contribuyeron a que las finanzas de la familia prosperasen, lo que en la memoria él mismo bautiza como «Bill Clinton Inc.» (Incorporation, en inglés, una corporación legalmente constituida).

Los e-mails revelan también el malestar de la hija de los Clinton, Chelsea, por la forma en que se gestionaba la Fundación, que permitía a algunos asesores cercanos a sus padres obtener «significativas sumas de dinero».

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