«Lo que ha hecho el Ayuntamiento en Matadero es algo reaccionario»

Si hay alguien a quien duela especialmente la deriva que han tomado las Naves del Matadero, convertidas en un «Centro de Artes Vivas» en el que parece no tener cabida el teatro de texto, ese es Mario Gas. Él puso en marcha este espacio durante su etapa al frente del Teatro Españo l; suyo fue el primer montaje que se pudo ver allí -«Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny»- y suyos son los cimientos que han convertido a las hasta ahora denominadas Naves del Español en un espacio de referencia, no solo en España sino en toda Europa.

Lleva Mario Gas fuera de Madrid unas semanas -ensaya en Barcelona «Sócrates»-, pero no ha permanecido ajeno a la polémica que se ha generado. No siente pena, «sino hastío e irritación», asegura al otro lado del teléfono. «Todo este proceso me parece un gran resbalón -sigue-; siempre se vuelve a tics del pasado que creía superados». Y no duda en calificar el proceso como «reaccionario».

El primer error, dice Mario Gas, ha sido desligar las Naves del Teatro Español. «En primer lugar, nacieron con la vocación de albergar todo tipo de artes escénicas». Asegura que la singularidad de este edificio «obliga a modificar cualquier puesta en escena que allí se realice». Cuando los locales tienen «unas características tan marcadas como éste, lo clásico adquiere una nueva dimensión, es posible subvertir las cosas».

Le parece «absolutamente equivocado, y revela muy poca preparación». la denominación de las Naves como «Centro de artes vivas»: «El teatro es un arte vivísimo, depende de la mirada que se pose sobre los textos y las propuestas», y repite Mario Gas que se encuentra «apenado e indignado». «Las Naves son la envidia de toda Europa por sus posibilidades, y se habían ya consolidado dentro de la ciudad». E insiste en que el cambio de rumbo es «reaccionario y un acto de infantilismo, que duele más por venir de la izquierda».

Está convencido Mario Gas de la necesidad de desvincular los teatros públicos de las políticas de partidos, «que casi siempre tienen un afán depredador y cainita; y eso ocurre con los partidos de todos los colores. Hay que tender hacia unos estatutos para los teatros públicos que les permitan actuar con libertad». Asegura que lo que ha ocurrido es consecuencia de una voluntad de destruir en lugar de construir», y advierte de lo que significa esta deriva: «es solo el principio del fin».

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