La terrorífica mujer vampiro de «First Dates»

La semana se acerca a su fin en «First Dates», el espacio de citas que dirige Carlos Sobera en Cuatro y que no da a basta a recibir solteros. Los números hablan por sí solos, y el dating show supera ya holgadamente los 700 programas, y no hay señales que indiquen que vaya a agotarse pronto. Oleadas de solitarios que llaman a sus puertas buscando tener una oportunidad en el amor, y el público parece no cansarse nunca del espacio, como demuestran los excelentes datos de audiencia de «First Dates».

Estrenaron la noche este jueves dos jóvenes románticos. Adrián, a sus 22 años, estudia ingeniería industrial y dice ser «siempre el chico bueno que hace lo correcto». El madrileño nunca en su vida ha tenido una cita con una chica pues todas «buscan un rollo o algo así cuando yo siempre quiero una relación seria». Tres años menos tenía Rita, una estudiante de bachillerato que se define como «una persona muy entregada en el amor y que, precisamente por eso, he sufrido mucho». Al conocer a Adrián Sobera le advirtió a Rita que el chico era un partido porque nunca había tenido una cita. «Ser la primera cita de alguien es raro pero mola», dijo ella.

Se sentaron a cenar y muy pronto se dieron cuenta de que tenían puntos e intereses en común. A los dos les gustaban las matemáticas y admitían no haber tenido mucha suerte, aunque ella tuvo algo más que él. «No me creo que nunca hayas tenido una pareja», le soltó Rita, a lo que él respondió diciendo que «siempre fui el último chico con el que alguien quisiera estar porque quería tener el típico amor cursi y adolescente de las pelis de Disney».

Rita sacó uno de los temas que pueden arruinar una primera cita, como es la política. Pero tuvo suerte de que Adrián no tuviese mucho interés en ella y se definiese como «de centro, de ningún sitio. No me gustan los extremismos». Por el contrario, ella tenía muy claro que era «de derechas. Soy del PP pero no facha. No adoro a Franco ni nada de eso». Pese a lo cordial de la cita, al final ambos dijeron que preferían tener un segundo encuentro «como amigos».

Para la segunda pareja de la noche subió bastante la media de edad. Miguel Ángel, un electricista madrileño de 50 años, se presentó diciendo que «me gusta el amor y los animales. Me gusta todo lo noble, en resumen». También madrileña era Almudena, enfermera de 46 años que se quejó de lo difícil que es «encontrar a alguien con valores e íntegro». Ambos buscaban un amor sereno y tranquilo que les ayudase a superar la soledad en la que están sumidos.

La cena empezó con buen pie, pues se dieron cuenta de que ambos llevan mucho tiempo solos, se entienden y están en una situación parecida. También hablaron de sus familias y de lo mucho que disfrutan de ella. El resultado fue el esperado y los dos se prometieron tener una segunda cita.

Luego llegó una de las parejas más especial de la noche. Giorgi, un economista búlgaro de 33 años que lleva 3 en Madrid, se definió como «asexual, porque no tengo experiencia en ese tema ni tengo ganas de tenerla». Además, dijo «en el amor no me pongo límites, como en todo: me gustan chicos y chicas por igual». No pudo resistirse a guardarse un secreto: «Por un problema perdí un testículo y lo tengo de silicona».

Igual de peculiar era Daena, una mujer trans barcelonesa de 31 años que aseguró haber sido «el típico chico duro, macho alfa que trabajaba en seguridad privada y ni me planteaba que me gustasen los chicos. Pero ahora soy feliz, no como antes». No es eso lo que distingue a Daena, que mostró orgullosa unos dientes afilados de vampiro que tenía como su mayor arma de seducción.

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