La tercera absoluta de Feijóo frente a una izquierda bipolar en Galicia

O Feijóo, o el caos. Esa es la dicotomía que, según el PP, resume las autonómicas del próximo 25 de septiembre en Galicia, una comunidad en la que el nacionalismo cotiza progresivamente a la baja y el bipartidismo crece elección tras elección. El 20-D los dos grandes partidos sumaban el 58%; seis meses más tarde, cinco puntos más. En las gallegas de 2012 representaban el 65%, lejos del 77% de 2009.

El gran favorito es un PP al alza en las últimas contiendas. Tras los malos resultados de municipales y europeas (sobre el 35%), el partido afrontó una renovación profunda y se echó a la calle. El 20-D apenas arrojó una tibia mejora (37%), pero en junio el 41% de los populares gallegos insufló un cierto tono de euforia contenida. La mayoría absoluta ahora es un objetivo realista, aunque Feijóo lanza el mensaje de que no será fácil. El PPdeG sabe que su candidato tiene un plus electoral, pero el ansiado resultado no se conseguirá por debajo de un 45%, cifra con la que en 2012 alcanzó 41 diputados pero que a Fraga no le valió para obtenerla en 2005.

Caladero de votos

A su favor, el centro-derecha gallego cuenta con la irrelevancia de Ciudadanos, un partido sin estructura en la Comunidad, envuelto en purgas y crisis internas, sin un referente claro en Galicia y que ha buscado a la desesperada una candidata en tertulias televisivas para paliar su desconocimiento en la sociedad. Sus 130.000 votos (8,6%) del 26-J son objeto de deseo del PP, consciente de que muchos que no votarían nunca a Rajoy sí ven con buenos ojos a Feijóo. Aspiran a entrar en el Parlamento gracias al apoyo urbano.

Tras el 26-J, los socialistas se las prometían muy felices. Habían recuperado la primacía de la izquierda -por mil escasos votos- y tenían a un candidato salido de primarias. Apenas mes y medio más tarde vuelven los negros nubarrones por la elaboración de las listas, que ha reabierto heridas. La amenaza de desmovilización sobrevuela al PSdeG y pone en riesgo los tibios éxitos logrados. En 2012 se hundió hasta el 20% tras superar la barrera del 30% en la época del bipartito. En las generales se ha movido alrededor del 22%. Su resultado dependerá de si su parcela más moderada es fiel al PSOE o gira hacia Feijóo, descontenta ante un posible gobierno con los radicales aglutinados en la Marea.

Es precisamente la Marea una de las grandes incógnitas de estas autonómicas. Nunca se presentaron con esta denominación a las gallegas, bajo la que superaron con holgura al PSOE el 20-D pero que en el 26-J empezó a notar un significativo desgaste (66.000 votos menos) cayendo a la tercera posición. Su referente en las anteriores autonómicas fue Alternativa Galega de Esquerda (la suma de IU y Anova). En 2012, Pablo Iglesias ejerció de asesor. Podemos llegó en 2015 y fraguó las Mareas.

Hoy este matrimonio de conveniencia atraviesa no pocas disputas. No son una fuerza de marcado carácter nacionalista, pero la presencia del octogenario Xosé Manuel Beiras sirve de reclamo para un sector del electorado que roza el 20% y que abandona un BNG venido a menos -sin presencia en el Congreso ni en Orense y Vigo- y girado hacia un soberanismo minoritario y sin «punch» electoral.

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