La reaparición de Sánchez enfría el diálogo entre el Gobierno y el PSOE

La reaparición de Pedro Sánchez en la política nacional, como candidato a las primarias de mayo del PSOE y postulante a jefe de la oposición, ha vuelto a remover las aguas de su partido, pero también ha enfriado las relaciones de este con el Gobierno de la Nación. La gestora quiere evitar dar un solo argumento al defensor del «no es no» que le permita construir un discurso contra la línea actual del partido, y ahora mide mucho más sus mensajes y sus conversaciones con el Gobierno. En La Moncloa han detectado ese enfriamiento y distanciamiento, y reconocen que se han frenado negociaciones, como las que se estaban intentando iniciar sobre los Presupuestos Generales del Estado de 2017.

La relación entre Mariano Rajoy y el presidente de la gestora, Javier Fernández, es bastante fluida, a la vez que discreta. Lo mismo ocurre con el diálogo en los distintos niveles. En el balance de estos tres primeros meses de legislatura puede comprobarse que ha habido un acercamiento silencioso, sin ruido, pero efectivo: acuerdos sobre techo de gasto, bono social, salario mínimo, cláusulas suelo, modificación del calendario de la Lomce y arranque del pacto por la Educación... Los acuerdos han existido, pero el Gobierno cree que se acercan meses más complicados, por el debate interno dentro del PSOE, que obliga a sus dirigentes a marcar bien su terreno frente al Ejecutivo del PP y a evitar escenas de acercamiento.

«Necesitan espacio»

Fuentes de La Moncloa aseguran que ahora que «se están redactando los Presupuestos», se estaban iniciando los primeros contactos, pero el PSOE se ha frenado en seco, y el distanciamiento ha sido evidente. El Gobierno también ha constatado ese alejamiento visible y público en declaraciones públicas desde la dirección socialista, más virulenta con el Ejecutivo y el presidente Rajoy. Un ejemplo fue la reacción de la gestora tras la conversación telefónica de Donald Trump y el presidente, o con motivo de la política sobre las centrales nucleares. «Ellos necesitan su espacio, y nosotros lo entendemos y respetamos», explican en el Gobierno con bastante prudencia.

Sin ir más lejos, este viernes estaba previsto que el Consejo de Ministros aprobara el Decreto-Ley de regulación de los estibadores portuarios, una iniciativa que requiere después su aprobación en el Congreso de los Diputados. Fuentes del Gobierno afirmaron ayer que el clima actual con el PSOE, más enrarecido que antes, no ha permitido establecer un diálogo sobre este asunto, y el Decreto-Ley se aplaza. La Justicia europea obliga a reformar ese sector, y España se enfrenta a cuantiosas sanciones si no cumple. De hecho, ya debe 21,5 millones de multa.

De forma pública, en el Gobierno no se va a reconocer que una victoria de Pedro Sánchez puede desestabilizar España y devolverla a un bloqueo como el del año pasado, lo que abocaría a otras elecciones generales. Pero es una opinión instalada en La Moncloa desde que el último candidato socialista a las elecciones presentó la dimisión como secretario general del PSOE, el pasado 1 de octubre.

«Hay que entenderse»

En el entorno de Rajoy se insiste en que no deben, ni quieren, mostrar su preferencia en la carrera de las primarias socialistas. «Tienen derecho a gobernarse internamente como decidan y consideren oportuno», comentan. «Y nuestra obligación será tratar de entendernos con quien esté al frente», continúan las mismas fuentes. Su conclusión es que «lo más inteligente» que pueden hacer desde La Moncloa es «no decir nada».

Un apoyo a la gestión de Javier Fernández daría alas a los sanchistas, mientras que un hipotético apoyo del Gobierno a Susana Díaz sería como un torpedo contra la presidenta andaluza, y una crítica directa a Pedro Sánchez solo serviría para reforzar su discurso como «alternativa real a la derecha».

Precisamente, lo que se intenta desde el Gobierno es explicar que este inicio de legislatura está siendo «muy positivo» en cuanto a los acuerdos logrados y la estabilidad alcanzada, y que es una situación que daría aún mejores resultados en una legislatura larga. Es una advertencia, sutil, de lo que podría ponerse en juego ante un cambio brusco en la estrategia de uno de los actores principales, como es el PSOE. La vuelta al bloqueo político y la incertidumbre es una posibilidad que sigue estando ahí.

Más allá de estas advertencias y temores, dentro del Gobierno también se hacen quinielas, y lo cierto es que pocos creen que Sánchez tenga opciones reales de ser elegido de nuevo secretario general, y menos aún que después pudiera formar una alternativa real en el Congreso.

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