La OTAN no logra hacer que Rusia para que deje a Ucrania en paz

El Consejo Rusia-OTAN se ha reunido hoy en la sede de la Alianza en Bruselas por segunda vez en menos de tres meses tras la pausa de dos años habida después de la anexión de Crimea y la decisión de Moscú de ayudar a los separatistas del este de Ucrania. Al igual que en el encuentro precedente, celebrado en Bruselas en abril, según la prensa rusa, fue Ucrania.

Y el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, ha tenido que constatar al final del encuentro que «las diferencias son profundas y persistentes» con Moscú en la forma de entender la solución para el conflicto en el este de Ucrania.

Lo que sucedió en Crimea y en las regiones ucranianas orientales de Donetsk y Lugansk hizo que cundiera la alarma en las repúblicas bálticas y en los países de Europa Oriental. De ahí que en la reciente cumbre de la OTAN de Varsovia se acordara desplegar batallones en Polonia, Estonia, Letonia y Lituania de unos 1.000 soldados cada uno para evitar un hipotético ataque de Rusia. El embajador ruso ante la Alianza, Alexánder Grushkó, ha sido informado hoy minuciosamente de ello en un intento de convencerlo de que la actitud de Occidente es puramente defensiva.

Por su parte, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, que hoy se encontraba en visita oficial en Kazajstán, ha dicho que a su país le «gustaría escuchar una explicación de la OTAN en relación con las decisiones adoptadas en la cumbre de Varsovia». Según sus palabras, «lo que escuchamos en las declaraciones públicas no es nada alentador». Pese a ello, Lavrov se ha pronunciado a favor de restablecer las relaciones con la Alianza y ha subrayado que «no fuimos nosotros quienes suspendimos todas las líneas de cooperación entre Rusia y la OTAN».

El pasado fin de semana, tras la cumbre de Varsovia, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, denunció los intentos de la OTAN de «demonizar» a Rusia y de «crear un amenaza inexistente en lugar de concentrar sus fuerzas en la lucha contra el terrorismo internacional, un peligro real».

Es más, Moscú insiste en no tener nada que ver con lo que llama «guerra civil en el este de Ucrania», acusa a Washington de estarse planteando suministrar armas letales a las fuerzas ucranianas y culpa a Kiev del actual rebrote de tensión en Donetsk. La inteligencia rusa cree que el Ejército ucraniano prepara una ofensiva contra los bastiones rebeldes.

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha hablado hoy por teléfono con su homólogo francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, sobre las decisiones tomadas por la Alianza en la capital polaca y la situación en el este de Ucrania. Según el Kremlin, Putin ha pedido a sus interlocutores «evitar que se produzca una escalada» de violencia en Donetsk y Lugansk.

El presidente ruso ha dicho estar «preocupado» por los bombardeos del Ejército ucraniano, pero no se ha referido de forma expresa a las continuas violaciones del alto el fuego por parte de las milicias separatistas. Putin, Hollande y Merkel se han reafirmado en la necesidad de que se respeten los acuerdos de paz de Minsk. Pero, según Stoltenberg, las discrepancias al respecto son «profundas y persistentes». A su juicio, esta crisis «ha minado la seguridad transatlántica».

Hoy también han hablado de la necesidad de evitar nuevos incidentes entre aviones y barcos de ambos bandos en el Báltico. Moscú quiere que desaparezcan de la proximidad con su frontera y el secretario general de la Alianza se ha limitado a decir que «estudiaremos las propuestas de Rusia para mejorar la seguridad». En este crispado contexto llega mañana a Moscú para entrevistarse con Putin y Lavrov el secretario de Estado norteamericano, John Kerry. Además de Ucrania, hablarán de Siria y de otros conflictos en curso en el planeta.

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