La izquierda se desinfla tras la división provocada por Matteo Renzi

Aunque es muy grande la confusión que reina en la campaña electoral, todos están de acuerdo, sobre la base de los sondeos, en que el gran perdedor en las elecciones del 4 de marzo será el Partido Democrático (PD) de Matteo Renzi. Se espera que la victoria sea de la derecha, aunque con la duda de si la coalición de Berlusconi con los partidos ultras obtendrá la mayoría parlamentaria suficiente para formar gobierno. La izquierda italiana, con tendencia siempre a dividirse, podría sufrir una derrota histórica. Solo ha encontrado su unidad en las manifestaciones antifascistas del pasado fin de semana, cuando todos los líderes de las distintas fuerzas de izquierda se encontraron en Roma, con una esperanza que expresa así el profesor de Política Comparada Piero Ignazi: «El resurgir de las manifestaciones filo-fascistas en las últimas semanas puede empujar a los electores desilusionados de la izquierda a volver sobre sus pasos para ?defender la democracia? con su voto a la izquierda».

El ex primer ministro ha confeccionado unas listas electorales para demostrar que en el PD es él quien tiene el mando absoluto. Se ha atrevido incluso a dejar sin escaño en el futuro parlamento al mejor amigo del primer ministro Paolo Gentiloni, el conocido ecologista Ernesto Realacci.

Renovación fallida

Renzi jugó a fondo en estos años la carta de la renovación, pretendiendo formar un partido transversal que representara a todo el centro izquierda y recogiera incluso la herencia del «berlusconismo», cuando se daba por muerto al ex-Cavaliere. Pero el exalcalde de Florencia ha fracasado en su empeño. La imagen de Matteo Renzi ha quedado dañada irremediablemente, sobre todo tras su rotunda derrota en el referéndum constitucional en diciembre 2016 que le llevó a dimitir como primer ministro. Ha querido apuntarse algunos éxitos puntuales, como el matrimonio homosexual y el testamento vital, pero ha incurrido en el clientelismo y no ha llevado a cabo las profundas reformas que necesita el país.

Con su personalismo y prepotencia, Matteo Renzi se ha ganado una legión de detractores y así el Partido Democrático perdió elección tras elección. El resultado final de la gestión personal de Renzi, la de un solo hombre al mando, es que en el Partido Democrático se ha producido una fuga sin precedentes. Se ha formado así a su izquierda una lista electoral, Libres e Iguales, con diversas sensibilidades de la izquierda italiana unidas exclusivamente por su odio a Renzi y el deseo de eliminarlo políticamente. Así lo declara abiertamente el ex «premier» y exministro de Asuntos Exteriores, Massimo D?Alema, el gran inspirador de Libres e Iguales: «Renzi es un falso, hay que derrotarlo para rehacer el centro izquierda con el Partido Democrático».

Matteo Renzi ha terminado por convertir al PD en el PDR (es decir, en el partido de Renzi), con la esperanza de lograr en el Parlamento un grupo homogéneo con sus fieles en el que no se produjeran fugas (en la anterior legislatura hubo 534 cambios de chaqueta, más de la mitad de todos los escaños del parlamento). Esa puede ser una ventaja, pero si pierde las elecciones -en los últimos comicios el PD ha retrocedido incluso en sus feudos tradicionales- se juega su liderazgo.

Indecisos

Con más de un tercio de electores aún indecisos, Renzi confía en que al final muchos votantes del Partido Democrático que le habían dado la espalda acudan a las urnas, aunque no lo hagan por él, sino por el popular primer ministro Paolo Gentiloni. Esta es precisamente la paradoja: Matteo Renzi eligió como sucesor a Gentiloni, que era su ministro de Asuntos Exteriores, pensando en que podría manejarlo y que le reservaría el puesto para después de las elecciones. Pero Gentiloni se ha ganado la estima de muchos italianos de diversos sectores sociales (goza de un 47% de popularidad, muy por delante de todos los demás líderes) por su estilo de gobierno moderado y sensato, lejos del personalismo de Renzi.

En cualquier caso, el PD parece que tendrá que conformarse con el 22% de los votos, según las encuestas, lejos de la derecha (36%) y del Movimiento 5 Estrellas (28%). La impresión extendida entre los italianos es que el partido de Renzi ha perdido el contacto con la realidad: todos los sondeos apuntan a que en la calle crece el descontento y cierto pesimismo. Según datos del Instituto de Investigación del Mercado (WG), el 72% de los electores cree que Italia está retrocediendo (en 2002 el 76% creía que el país se estaba modernizando); el 74% considera que no tiene ya el control sobre su propio futuro; y el 68% se ve excluido de los procesos sociales y económicos en marcha. Además, según un reciente sondeo del Instituto Doxa, más de un 70% de los italianos tiene miedo de la inmigración, una bandera que ondea con fuerza la derecha con la aseveración de que ha sido el Partido Democrático el responsable de abrir la puerta a los inmigrantes. Así el PD, y la izquierda en general, desunidos y sin un proyecto para Italia, caminan según todos los sondeos hacia la derrota.

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