Jefes de las mafias dejan embarazadas a adolescentes para renovar el negocio

La Policía Nacional ha llevado a cabo una investigación sobre el creciente problema de las mafias de la mendicidad rumana en el centro de la capital. La comisaría de la calle de Leganitos, la de mayor carga de trabajo de un distrito de Europa, sufre especialmente esta situación. En el primer semestre de 2016 y solo en estas dependencias, se han registrado unos 300 traslados de menores de este país del Este. Se trata de chavales desamparados y que se dedican a delinquir; sobre todo, a los robos al descuido.

La peor parte se la llevan las chicas. Los miembros mayores del clan al que hayan sido vendidas las dejan embarazadas apenas empezada su edad fértil, entre los 13 y los 14 años. «De esta manera, se aseguran un flujo constante de niños ladrones», explican fuentes de la investigación. Una dramática situación contra la que apenas se hace nada, como con el resto de estos chiquillos. Distintas instancias policiales consultadas por ABC se quejan de que «la Fiscalía de Menores no se implica en el asunto».

Los menores solo pueden ser detenidos en caso de haber cumplido los 14 años, pues la ley considera que hasta entonces son inimputables penalmente. Los mantienen en comisaría unas horas, con la esperanza de hallar a sus padres o tutores legales, cosa que casi nunca ocurre, apenas en el 10% de los casos; además, suelen ir indocumentados.

Previa autorización del Grupo de Menores de la Policía Nacional (Grume), son trasladados a un centro en régimen abierto. «Lo más habitual es que se escapen incluso el día de su ingreso, hasta el punto de regresar a Centro antes del coche patrulla que los ha trasladado», indican los agentes expertos. Una situación que se repite, prácticamente, día sí y día también.

Alquilados por 100 euros

Los adolescentes reconocen que son miembros de clanes familiares dedicados al hurto. Y que incluso sus padres residen en Rumanía, desde donde los «alquilan», cuando apenas tienen 8 o 9 años, a estas mafias por precios que oscilan entre los 100 y los 150 euros al mes. Ya en Madrid, los capos los tienen malviviendo, sobre todo, en el poblado del Gallinero, a dos pasos de la Cañada Real. Cada mañana, sobre las ocho, los trasladan al centro en autobuses o furgonetas. El punto de inicio de su «jornada laboral» suele ser la glorieta de San Vicente, desde donde los distribuyen a distintos enclaves del centro, estratégicamente elegidos: la Puerta del Sol, Preciados, Gran Vía, Callao, el Barrio de las Letras, la calle y la Plaza Mayor, o las zonas del Palacio Real y el paseo del Prado, lugar de afluencia masiva de turistas.

«Los malos tratos físicos por parte de los líderes de los clanes son constantes en el caso de no obtener los beneficios que consideran adecuados o ante cualquier infracción de las normas de la mafia», señala el estudio policial.

Las cifras reales en este asunto pueden ser muy fluctuantes, pero se calcula que en el distrito de Centro hay cada día entre 15 y 20 de estos niños robando. En estos primeros seis meses de 2016, medio centenar han sido llevados a la comisaría de Leganitos una media de seis veces. De ahí salen los 300 traslados. Resultan sorprendente aquellos casos en los que el mismo chiquillo ha sido pillado en más de 20 ocasiones. Otros lo son hasta cuatro veces en la misma semana. El promedio de hurtos denunciados a manos de estos menores rumanos se mueve entre 90 y 120 al mes. Más datos: en el último trimestre han sido 19 los arrestados, que cometieron entre cinco y seis robos por cabeza en ese periodo de tiempo.

Actúan en grupos de cuatro o cinco. Suelen acompañarles algún componente algo mayor que ellos de 16 o 17 años, a modo de líder y controlador. Esto nunca tienen más edad que la descrita, para evitar que, en caso de detención, se les aplique la ley ordinaria. También se encargan de hacer desaparecer lo sustraído con rapidez, para lo que en ocasiones hacen frente a la víctima, si es que esta se percata del robo. Cada cierto tiempo, las mafias cambian a los componentes del grupo. Cuando cumplen los 18 años, los utilizan para la mendicidad o limpiar parabrisas en semáforos. Pero ya se está detectando violencia en sus acciones, con roturas de lunas y rayados de los vehículos que no pagan.

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