Iglesias y Errejón convierten la división en Podemos en un duelo personal

El manifiesto «Recuperar la ilusión» que el pasado viernes abanderaron Íñigo Errejón y otros 330 cargos públicos y orgánicos de Podemos había alcanzado en la noche del domingo las 6.000 adhesiones. Una demostración de fuerza orgánica y militante que Pablo Iglesias no podía pasar por alto. Es precisamente esa capacidad de arrastre de la que recelan muchas de las personas cercanas al secretario general, que consideran que Errejón cuenta con un protagonismo, un poder y unas estructuras a su mando muy por encima de las que corresponden a un número dos. Es habitual entre algunos de los colaboradores de Iglesias escucharles decir que Errejón ha montado «un partido dentro del partido».

Pablo Iglesias recuperó ayer el género epistolar para advertir que esa correlación de fuerzas tiene que cambiar. En una «carta abierta a Íñigo» publicada en el diario 20 minutos el secretario general apostaba por «un Podemos en el que tus ideas y tu proyecto tengan espacio, del mismo modo que los de otros compañeros como Miguel (Urban) o Teresa (Rodríguez)». Y sigue, «un Podemos en el que tú, uno de los tipos con más talento y brillantez que he conocido, puedas trabajar a mi lado y no frente a mí». Comparar el peso que Errejón debe tener en Podemos con el de los representantes de la corriente anticapitalista ha sido un recurso habitual de Iglesias para proyectarse como el puente que puede unir a las dos corrientes mayoritarias dentro del partido.

Iglesias con sus ideas o nada

Pero tras el tono empleado por Iglesias («Hoy no te escribe tu secretario general, te escribe tu compañero y tu amigo»), Iglesias insistió en su tesis de votar conjuntamente la propuesta política con la candidatura a la dirección del partido: «No me puedes pedir que desvincule mi papel como secretario general de mis ideas». Una idea en la que abundaba poco después Rafael Mayoral, uno de los principales apoyos de Iglesias, que aseguraba que «nadie entendería que alguien pudieran ser elegido con ideas diferentes a las que defiende». Preguntado sobre si Iglesias podría seguir liderando el partido con otras tesis fue tajante: «Nunca». En el sector errejonista se interpretó la carta como un intento de Iglesias por mantenerse fuerte, pero también como síntoma de preocupación. El secretario político convocó a los medios al final de la mañana en el Congreso de los Diputados para contestar a la carta. E igual que Iglesias no dio muestras de ceder en sus planteamientos.

Errejón pidió a Iglesias no «opacar una discusión política». Y desde su punto de vista eso solo se consigue teniendo discusión política y después una discusión sobre los compañeros que nos vamos a poner al frente del nuevo rumbo de Podemos»,

Defienden sus afines que si se vincula la defensa de un proyecto político a las candidaturas «nadie podrá proponer ideas sin ser obligado a enfrentarse a Pablo Iglesias», un extremo que Errejón nunca ha llegado a plantear. Ayer mismo reconoció que existen «diferencias» pero que «no son insalvables» porque si así fuese «no estaría en este proyecto».

«Sé que piensas diferente»

Iglesias en su carta no hace ninguna concesión a Errejón. Defiende el voto conjunto ?«no me puedes pedir que desvincule mi papel como secretario general de mis ideas»? y bajo buenas palabras le reprocha la dureza del manifiesto promovido la pasada semana: «Sé que piensas diferente pero quiero que sepas que nuestra propuesta de votar a la vez las ideas y a las personas no es (..) ni una pelea de gallos, ni una involución democrática, es una propuesta tan legítima como la que defiendes tú».

Las discrepancias se extienden a la relación con Izquierda Unida y al peso que Iglesias quiere darle a los anticapitalistas dentro de Podemos, Errejón insiste en «la transversalidad como hoja de ruta fundamental» y pensar en una organización que sea «un instrumento no para resistir sino para ganar». En su epístola Iglesias pedía «subordinar nuestro trabajo parlamentario a una estrategia más amplia de construcción de contrapoderes e instituciones sociales alternativas». Errejón le contestó demandando «un Podemos más abierto a la sociedad española y más ganador».

Aunque Errejón ofreció ayer a Iglesias «un acuerdo previo» a Vistalegre II, avisó que es necesario «que cada uno ponga con toda la honestidad sus ideas encima de la mesa». Y, sabedor de que el manifiesto ha sorprendido por su alcance, se hizo valer: «Pero no un acuerdo de cartón piedra. Un acuerdo en base a ideas y a un modelo para ganar». Iglesias pidió a Errejón que cese en su pulso: «Cuidemos el debate, Íñigo, para que, con acuerdo o sin acuerdo, podamos siempre decirnos amigo, hermano, compañero». Pero entre la condescendencia que ambos se repartieron ayer una cosa quedó patente: por el momento ninguno está dispuesto a ceder. Y mientras eso siga así, el conflicto seguirá vivo.

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