Erdogan inflama las pasiones de los nacionalistas para ganar más votos

Una vez más el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha apelado a los sentimientos más ultranacionalistas del país en momentos de crisis. «Si sacrificáis vuestra relación con Turquía por las elecciones del miércoles pagaréis el precio», amenazó este domingo Erdogan a Holanda. Miles de ciudadanos turcos han secundado la respuesta airada de Ankara, que intenta suscitar una ola de fervor nacional para asegurarse la victoria en el referéndum del 16 de abril con el que el presidente quiere ampliar sus poderes.

En las concentraciones de este domingo no era difícil encontrar a manifestantes realizando la señal de los Lobos Grises, una organización de extrema derecha. «Hago un llamamiento a mis hermanos y hermanas en Europa: manteneos firmes. Sus acciones les golpearán como bumeranes», insistió Erdogan.

Desde que en julio de 2015 se rompió la tregua entre el Estado turco y la guerrilla kurda del PKK, el líder islamista busca reforzar su apoyo social entre los sectores más ultranacionalistas. Hasta ahora, varios líderes ultras habían anunciado que votarían en contra de la reforma constitucional. Pero con esta crisis Erdogan se dispone les supera a todos por el flanco nacionalista. El presidente llego a pedir a las organizaciones internacionales que impongan sanciones a los Países Bajos, un Estado con el que comparte alianza estratégica en la OTAN.

Durante la jornada del domingo se sucedieron diversos episodios de fervor nacionalista en las calles de Turquía. En Estambul, mientras un grupo de turcos se manifestaba frente al consulado neerlandés al grito de Allahu Akbar (Dios es grande), un hombre consiguió temporalmente retirar la bandera holandesa e izar una turca en su lugar.

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Universidad estambulita de Maltepe

Pero los apoyos al Gobierno turco ante la que algunos en las redes sociales han calificado como la crisis de los tulipanes no solo llegan desde la calle. También proceden de organizaciones opositoras a Erdogan.

«Se importancia nacional»

«Si a un ministro de la República de Turquía no le permiten que entre en su consulado o embajada, por favor suspended nuestras relaciones con los Países Bajos. Os daremos todo tipo de apoyo». Son palabras de Kemal Kiliçdaroglu, líder del CHP (Partido Republicano del Pueblo), una fuerza política de centro izquierda y que mantiene buenas relaciones con la UE. Su reacción da una muestra de hasta qué punto ha soliviantado el incidente a la opinión pública turca. «Esto no tiene nada que ver con el próximo referéndum. Es un asunto de importancia nacional», añadió Kiliçdaroglu.

Este fervor nacionalista oculta que la propia ley turca prohíba realizar actos electorales en delegaciones diplomáticas o que el ministro de Exteriores utilizara el avión oficial para desplazarse a un mitin partidista.

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