El pulso secesionista amenaza el despegue económico de Cataluña

Uno de los mantras del independentismo denuncia que una Cataluña fuera de España sería más pujante económicamente. Sin embargo, lo cierto es que en los últimos años dentro de España la región ha tenido un comportamiento muy por encima de la media, una situación que ahora peligra: la comunidad autónoma ha sido una de las que más han crecido de toda España y su recuperación estaba siendo mucho más intensa que la de otras regiones como Madrid o País Vasco. Según los datos de la Autoridad Fiscal (Airef) y el Centro de Predicción Económica (Ceprede), Cataluña era la segunda comunidad que más crecía hasta la celebración del 1-O: la Airef detalla que el PIB de la comunidad avanzó un 3,6% entre septiembre de 2016 y el mismo mes de 2017, un comportamiento solo superado por la Comunidad Valenciana que avanzó un 3,8% y por encima de la media española, del 3,1%. 

Este fulgurante despegue ahora queda en suspenso ante el impacto sobre la economía catalana de la incertidumbre política generada por el desafío secesionista. El Banco de España y la Autoridad Fiscal, que han tratado de calcular el efecto del desafío independentista sobre la economía, alertan que el efecto sobre la economía catalana será más severo que en el resto de España.

El supervisor avisa incluso de que la región podría entrar en recesión en «buena parte» del periodo que va de 2017 a 2019, mientras que la Airef asevera que Cataluña podría perder 2,7 puntos de crecimiento en un escenario de tensión prolongada, lo que la llevaría a tener un estancamiento en forma de repunte nulo del PIB. En el escenario más probable, la incertidumbre política frenaría el crecimiento catalán en siete décimas, unos 1.500 millones menos de actividad. Una de las primeras señales de alarma sobre el efecto del desafío secesionista sobre la comunidad se conoció el pasado viernes. El paro repuntó en la comunidad en 14.698 personas, el mayor aumento en términos absolutos de toda España, un repunte del 3,67% en términos porcentuales que si bien era inferior al de otras comunidades como Baleares (un 21,17% más), La Rioja (un 7,09% de repunte) o Cantabria (3,83%), duplicaba la media nacional, del 1,67%. La ministra de Empleo, Fátima Báñez, también denunció que ?se está parando la creación de empleo en la comunidad? ante los datos del mes: si la afiliación subió en 1.702 personas en la comunidad, en Madrid avanzó en 39.216 personas y en Comunidad Valenciana, en 38.607.

El paro, al alza

Los expertos consultados matizan este peor comportamiento de la comunidad. «El paro crece pero porque lo hace la población activa, no tanto por pérdida de empleo. En cuanto a la afiliación, si bien en octubre del año pasado se creó más empleo, la región tiene un comportamiento muy particular en este mes. Desde 2013, mientras en España la afiliación sube en todos los meses de octubre, en Cataluña se destruye o se estanca, salvo el año pasado. El dato de afiliación no es tan malo: si descontamos efectos estacionales el repunte es del 0,5%, en la línea con lo que se ve en el resto de España», describe Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research. Precisamente, su organismo presentará mañana el informe Situación España en el que calibrará el impacto de la incertidumbre política sobre la economía.

Lo cierto es que el mercado laboral de la comunidad estaba reaccionando mejor que la mayor parte de comunidades este año, hasta que se agravó la crisis política. La caída del paro interanual de octubre muestra que el desempleo bajaba un 9,45% en Cataluña, más que el 7,83% de media nacional o el 8,34% de Madrid. También se estaba creando más empleo: de octubre de 2016 a 2017, la afiliación creció un 3,76% en Cataluña, por encima del 3,46% nacional.

El otro indicador que encendió las alarmas fue la confianza del consumidor de octubre, que cayó en 3,6 puntos a 99,6 puntos, su menor nivel desde febrero y que entra en la zona de percepción negativa del futuro. Ante estos datos, Funcas revisó el pasado viernes a la baja su previsión de crecimiento para España en 2018 del 2,7% al 2,6%. «La mitad de esta desaceleración se explica por la situación en Cataluña, donde se reducirá a la mitad el crecimiento previsto inicialmente entre el 1-O y marzo de 2018. El consumo, la inversión y el turismo serían los más perjudicados», describe el organismo.

Funcas cree que el PIB recuperará su ritmo anterior a la crisis política desde el segundo trimestre de 2018, ya que pese a la fuga de empresas los principales centros de actividad permanecen en Cataluña. En estos escenarios de incertidumbre política, el impacto suele ser progresivo.

«Contemplamos un cierto efecto negativo de dos o tres décimas para el año que viene, que será el ejercicio en el que más impacte esta incertidumbre política sobre la economía. En cuanto a la recesión en la comunidad, se tendría que desencadenar un escenario muy grave, yo no lo veo probable», afirma María Jesús Fernández, economista de Funcas. El efecto va más a largo plazo porque lastra las decisiones de compra de bienes duraderos y vivienda y la inversión de las empresas, por lo que sus efectos se suelen dar a medio o largo plazo. A ello se le suma la elevada velocidad que tenía el crecimiento catalán hasta el 1-O: una inercia que combatirá con fuerza el impacto negativo de los indicadores económicos que empiecen a salir a partir de ahora.

Esta fuerza era, además, mayor en Cataluña, debido a su músculo exportador y a la recuperación del turismo y la construcción, además de una demografía con mejores perspectivas que en otras regiones. Desde que arrancó la recuperación en 2014, Cataluña ha sido estos años una de las comunidades que más han crecido, junto a sus pares del arco mediterráneo. Año a año ha superado el crecimiento medio nacional: en 2014 repuntó un 1,8% frente al 1,4% del conjunto de España; en 2015 fue del 3,7% frente al 3,4% de media y en 2016, del 3,5% mientras que el conjunto del país alcanzó un 3,3%. Desde 2010, el PIB de la comunidad ha repuntado un 0,4%, superior al 0,3% de la media española y desde 2014 se estaba recuperando con una mayor fuerza que otras comunidades como Madrid (que creció) o País Vasco. Un impulso que queda en el aire ante un pulso político que, ocurra lo que ocurra, tendrá a la economía como gran perdedora.

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