El poder catalán en la sombra

Pocas horas después de que que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y su homólogo catalán, Oriol Junqueras, diesen por terminada su primera reunión bilateral y convirtiesen el deshielo en una de las palabras de moda de los últimos días, el expresidente catalán, Artur Mas, se apresuraba a intentar relativizar el encuentro en una entrevista televisiva asegurando que ese tipo de reuniones no servían para nada y que durante su mandato también se produjeron encuentros entre Santamaría y la entonces vicepresidenta catalana, Joana Ortega.

En lo esencial, es cierto, las posturas siguen enconadas y no se atisba un punto de encuentro mientras el Gobierno catalán siga adelante con su hoja de ruta separatista, pero desde Madrid se empieza a advertir un cambio de tono encarnado en la figura del vicepresidenta catalán y líder de ERC, Oriol Junqueras. Ya lo advirtió Sáenz de Santamaría: «Tenemos una cosa en común que son los catalanes». Y solo por eso ya merece la pena explorar esos «cauces de diálogo» que los vicepresidentes español y autonómico empezaron a tantear el pasado jueves, apenas una semana después de que se produjera el primer encuentro entre el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el de la Generalitat, Carles Puigdemont.

Dos gestos lo suficientemente simbólicos como para el que portavoz del PP en el Parlamento catalán, Xavier García-Albiol, celebrase estos encuentros como «una buena noticia para los catalanes». «Estoy seguro que la inmensa mayoría de catalanes están satisfechos y contentos al ver que el Gobierno de Cataluña por fin ha desbloqueado la situación y está dispuesto a negociar con el Gobierno de España otras cuestiones distintas a objetivos anticonstitucionales», señaló Albiol.

En este deshielo a cámara lenta que podría verse afectado por la repetición de las elecciones juega un papel esencial el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, quien ha apostado por el diálogo después de unos años en los que la estrategia del Ejecutivo catalán se basaba en la confrontación y en hacer oídos sordos. «Hoy es más fácil dialogar que antes», subrayó Junqueras el jueves después de constatar sus diferencias con Sáenz de Santamaría ?«es muy difícil que yo deje de ser un independentista catalán y que ella sea una apasionada de la independencia», aseguró? y discutir cuestiones como el techo de déficit, la convocatoria de la Junta de Seguridad Nacional o los recursos del Gobierno ante el TC para tumbar leyes catalanas.

Apuntalar los puentes

El líder republicano no esconde en ningún momento que su objetivo político es que Cataluña se convierta en un Estado independiente pero eso no es óbice para sentarse a la mesa e intentar apuntalar esos puentes que quedaron maltrechos y en ruinas durante el mandato de Artur Mas. Nada que ver, en cualquier caso, con el llamamiento que hacía la propia presidenta del Parlament, Carme Forcadell, quien pocas horas antes de que Junqueras acudiese a La Moncloa aseguró que más valía no negociar con el Gobierno. ¿La razón? Las dos sentencias del TC que, la semana pasada, tumbaron la ley catalana que prohíbe el «fracking» y el el impuesto de la Generalitat sobre la producción nuclear. Pero no; Junqueras no sólo se reunió con Sáenz de Santamaría sino que, al terminar la reunión, la calificó de «difícil pero cordial». Un dato muy comentado fue que el vicepresidente catalán decidiese comparecer ante los medios en La Moncloa y no en la sede de la Generalitat en Madrid, algo que convirtió en costumbre el expresidente Mas. Que el encuentro llegase justo después de que Generalitat y Gobierno pactasen cinco temas sobre los que tenían disputas competenciales, entre ellos el nuevo Institut Català de Finances (ICF), para evitar acudir al Tribunal Constitucional, también ayudó a desatascar las comunicaciones.

Antes de eso, Junqueras ya había dado muestras de estar abierto a cualquier conversación, y ya sea por contraste con sus predecesores en el partido, con el tono crispado de Josep Lluís Carod-Rovira en el recuerdo, o como contrapunto a los representantes de ERC en Madrid, con Joan Tardà y Gabriel Rufián a la cabeza, se ha convertido en una suerte de abanderado del diálogo. Tanto es así que, además de protagonizar un insólito debate televisivo con el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, durante la última campaña electoral, fue el primero en coger el teléfono para romper con ese bloque institucional que se instaló en la Generalitat durante el mandato de Mas.

De Montoro a Sánchez

Así, antes de estrenarse en La Moncloa, el líder de ERC ya mantuvo a principios de marzo un breve encuentro en el aeropuerto de El Prat con el ministro de Economía, Luis de Guindos, para abordar la deuda de 1.600 millones de euros que la Generalitat tiene con los bancos, y apenas una semana después se reunió con el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, para hablar del FLA y del déficit autonómico. Entre ambos encuentros, Junqueras aún tuvo tiempo para comer con el líder del PSOE, Pedro Sánchez, un encuentro que fue muy comentado ya que el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se enteró del mismo por la prensa.

En la agenda de Junqueras, pues, siempre hay sitio, aunque no para todo el mundo. Y es que ayer mismo se confirmó el portazo definitivo a la propuesta de Mas de repetir la alianza electoral de Junts PelSí en las próximas elecciones generales después de que el Consejo Nacional de ERC aprobase repetir para el 26-J las mismas listas del 20-D, liquidando así la posibilidad de aliarse con CDC.

Más información

Ni este artículo, ni sus datos, ni su contenido multimedia o relacionado constituyen recomendación alguna o estrategia de inversión. Inversor Ediciones, SLU (incluyendo a sus profesionales, colaboradores y proveedores) declina cualquier responsabilidad relacionada con el uso que usted dé a los contenidos publicados por finanzas.com y/o la revista INVERSIÓN.