El macrobotellón que dejó convertido en un estercolero Ciudad Universitaria

El macrobotellón celebrado el jueves por la fiesta oficiosa de «san Cemento» dejó convertida la Ciudad Univesitaria de nuevo en un auténtico estercolero. La celebración primaveral, que comenzó el jueves a las dos de la tarde y se prolongó hasta la madrugada, congregó a miles de jóvenes no solo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y de la Politécnica (UPM), con la comparten campus, sino a alumnos de toda la región. A la cita acudieron también otros que no eran estudiantes pero que se sumaron al macrobotellón, que suele reunir a una media de 15.000 personas pero que, según los primeros indicios, este año superó esa cifra.

La estampa que dejaron era desoladora. Ayer las aceras, jardines, zonas arboladas valladas, escaleras de acceso a facultades, e incluso estanques, parecían un vertedero gigante por el que habían pasado hordas de vándalos. Los restos del atracón etílico estaban desparramados por doquier, salvo en los contenedores amarillos que colocaron para tal fin y de los carteles que rezaban: «Usa. Disfruta. Recoge». El olor a pis en algunas zonas era insoportable y el césped brillaba por su ausencia en otras. Incluso en el interior del Metro de la estación de Ciudad Universitaria los restos de la bacanal ya anunciaba lo que esperaba en el exterior.

Una batalla incívica

El lugar más perjudicado era el que se encontraba junto al Paraninfo, recién abonado, que se acordonó, por primera vez, para impedir que fuera arrasado, como en 2016. En concreto, el espacio comprendido entre las facultades de Biología, Derecho y Filología, que se convirtieron en el epicentro del festín alcohólico. Incluso se veían carteles que anunciaban: «Sangría. Pitis. Bocatas, 1 euro», e, incluso botellas llenas, neveras y barreños rotos. Ambién se vetó el acceso a Ciencias de la Información, en cuya explanada trasera se celebraba «san Cemento». Las consecuencias de «san Cemento» fueron una batalla incívica en toda regla.

Fuentes de la UCM precisaron que no tenían cuantificada la cantidad de porquería que habían dejado quienes acudieron al macrobotellón. Sus operarios llevaban desde las 7 horas limpiando, mientras que los municipales hacían lo propio en los viales. Tenían trabajo para rato. A la fiesta acudió más Policía Municipal que otros años porque se reunieron más personas, indicaron.

Entre los alumnos las opiniones estaban divididas: «Yo creo que deben poner más contenedores», decía Manuel, aunque reconocía que como este año no les habían dejado estar en los lugares de siempre y se habían tenido que despalzar, no había servido de nada. Era una excusa porque la rotonda del Paraninfo estaba llena de cubos de basura y en las dos ediciones anteriores se repitió el resacón. Por su parte, Mónica replicaba: «Es una cuestión más de concienciación y de educación que otra cosa. La imagen que dejamos es vergonzosa y muy lamentable».

Los llamamientos del rector de la Complutense, Carlos Andradas, de que «otro "san Cemento" es posible» y que se podía conjugar la diversión con el respeto al medio ambiente y las instalaciones, cayeron en saco roto.

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