El expresidente siempre tiene un «consejo» para el Gobierno de Rajoy

Ya sea desde la Fundación FAES, desvinculada del PP desde octubre , o desde su condición de expresidente del Gobierno, José María Aznar emite de vez en cuando avisos al Gobierno que captan mayor o menor atención de los medios en función de su dureza. El último más relevante, el emitido este martes, criticaba a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría por asumir el «relato» político de los adversarios del PP en varios frentes, incluido el de Cataluña.

El comunicado de la fundación, emitido sin firma, refutaba que «la buena idea -apurar las posibilidades de diálogo con las autoridades de la Generalidad- no debería llevarse al extremo de reescribir una historia reciente en detrimento de las posiciones que el Partido Popular adoptó en su compromiso con la Constitución».

Un tono más duro que el que empleó el mismo Aznar a primeros de noviembre. Recién conformado el nuevo Gobierno, le dedicaba su primer consejo al hilo del referéndum rechazado en Colombia. Aznar sugirió a Rajoy tomar nota, para lo que le planteó hacerse esta pregunta: «¿Yo aceptaría para mi país en circunstancias parecidas, o para alguna de las circunstancias parecidas, los acuerdos de Colombia, por ejemplo, en materia de antiterrorismo, o los términos de esos acuerdos? La respuesta es no».

Aunque la distancia ha ido creciendo desde 2014, cuando el expresidente dio plantón a Rajoy en la Convención Nacional del partido en septiembre, este año los mensajes de Aznar se han producido en un contexto político especialmente complicado políticamente: los intentos de Rajoy de ser investido, un Gobierno en funciones y la repetición de elecciones.

Así fue de sonado este verano el rifirrafe entre el expresidente y el Gobierno. Al filo de las elecciones generales de junio en las que el PP se jugaba mucho, Aznar aprovechó un foro de economistas para calificar de «grave error» la senda del Ejecutivo de relajar la corrección del déficit público. También criticó que cualquier país que tenga una deuda superior al 100% de su PIB «se ve en una espiral de problemas, de la que es extremadamente difícil salir». La respuesta del Ejecutivo no se hizo esperar y no le gustó a Aznar, que así lo dejó patente en la «Tercera» de ABC pocos días después, en la que hablaba de que la respuesta oficial a sus sugerencias había sido «errada, inexacta y forzada». Desde La Moncloa lamentaron el momento electoral elegido para «abrir otro fuego» y replicaron que, frente al déficit, Aznar se benefició de privatizaciones, menor gasto en pensiones y mayor centralidad.

Poco antes, en marzo, Aznar coincidía con Rajoy en la inauguración del seminario «Vargas Llosa: cultura, ideas y libertad», en la Casa de América, y en su presencia lanzaba una de sus sentencias cargadas de lecturas: «Necesitamos nuevos liderazgos capaces de ejercer una tracción social, moral y política a la altura de los desafíos que tenemos ante nosotros».

Las referencias veladas no son nuevas en las intervenciones del expresidente. En otro acto de marzo en honor al opositor venezolano, Leopoldo López, Aznar se refería a Venezuela en una serie de declaraciones fácilmente extrapolables a España, ya que en su mensaje esencial reclamaba un «proyecto político útil» frente a «la creencia de un país ingobernable». «Esa sociedad, ese país, merecen un proyecto útil, definido como una gran síntesis liberal-conservadora que tantos beneficios han rendido a las sociedades europeas».

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