El caos económico en Cataluña coincide con el proceso soberanista

Cuando en 2010 CiU recuperó la Generalitat, las finanzas de la administración autonómica ya eran un caballo desbocado. Únicamente entre 2006 y 2010, la deuda pasó de 14.000 a 30.000 millones, y lo que era peor, la herencia legada en forma de emisiones a particulares -los llamados bonos patrióticos que el Ejecutivo de Artur Mas renovó- o los métodos de pago diferido (método alemán), llevaron en los sucesivos años a un deterioro acelerado de las finanzas catalanas.

El quebranto financiero catalán, no compensado por los ajustes en el gasto durante el primer periodo de Mas, coincidió con el inicio del proceso soberanista, al que buen número de economistas atribuyen que la región no presente ahora unos números más aseados. Aunque el gasto en «diplomacia», más de 150 millones desde 2010, es minimizado desde el soberanismo -el chocolate del loro, se viene a decir-, otras partidas, como las de los medios públicos, son más abultadas: más de 1.700 millones en los últimos cinco años. Ni una cosa ni la otra explican por sí solas la zona abisal en la que están las finanzas catalana, un deterioro que los mismos expertos atribuyen al empeoramiento del clima económico de la comunidad fruto de la desconfianza generada por el «proceso».

En este contexto, las cuentas públicas han encajado esta deriva y los mecanismos de liquidez del Estado han jugado un papel clave para que Cataluña no haya caído en situación de impago. Es la comunidad con un mayor importe de deuda, unos 72.274 millones de euros en 2015, de los que el 60% está en manos del Estado -frente al 4% que tenía en 2012-.

Este apoyo del Estado desde 2012, además, no ha estado acompañado por una mayor disciplina de la Generalitat, sino todo lo contrario. Cataluña cerrará este año con un déficit mayor al de 2012, ya que entonces acumuló un desvío entre ingresos y gastos del -2,26% del PIB y hasta noviembre el desfase llegó al -2,21%. Es decir, desde que comenzó el desafío independentista, la reducción fiscal de la región ha sido prácticamente nula.

En este juego de ajedrez entre el Estado y la Generalitat, la deuda juega un papel crucial. La Autoridad de Responsabilidad Independiente Fiscal (Airef) ya ha avisado que el pasivo de la Generalitat amenaza con ser «insostenible». En un ejercicio hipotético, el Airef calculó qué ocurriría si Cataluña volviera a los mercados el año que viene sin el sostén del Estado, y el resultado sería en el impago, un colapso como el de Grecia en 2010 y 2015.










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