Dejar sin nacionalidad a los yihadistas rompe a la izquierda y a la derecha

La anunciada reforma de la Constitución, destinada a combatir el terrorismo yihadista con más eficacia, se ha transformado en una pesadilla política para el presidente de la República, François Hollande, que ha conseguido dividir profundamente a todas las izquierdas y las derechas con un proyecto que corre el riesgo de convertirse en un naufragio.

Tras los atentados terroristas del 13 de noviembre pasado -que se cobraron 130 muertos y 400 heridos-, el presidente Hollande anunció una «gran reforma de la Constitución», destinada a «combatir con más eficacia las amenazas terroristas».

Consultados los más eminentes constitucionalistas, Hollande redujo llamativamente el alcance definitivo de la «gran reforma» de la que solo quedó una medida altamente simbólica: privar de nacionalidad a los condenados por crímenes terroristas. Medida excepcional, pero puramente «simbólica», que comenzó por dividir profundamente al PS.

Cuatro semanas de agrio debate nacional han agravado todas las divisiones. El PS, el partido gubernamental, se ha dividido en cuatro familias enfrentadas: los partidarios del proyecto, minoritarios; la guardia pretoriana de Hollande, partidaria de retocar el proyecto; los rebeldes partidarios de modificar profundamente el texto; y los adversarios mayoritarios de la reforma constitucional.

Así las cosas, Manuel Valls ha terminado por redactar un proyecto de reforma constitucional que este viernes llega a la Asamblea Nacional (AN), donde debiera discutirse, en primera lectura, antes de pasar al Senado.

Antes de llegar a la AN, el micro texto de la reforma destinada a privar de nacionalidad de los terroristas franceses provocó la semana pasada una primera crisis gubernamental. Christiane Taubira, prefirió dimitir antes que defender el proyecto gubernamental. Seis días después de su dimisión, Taubirá ha publicado un libro/panfleto, denunciando de mala manera la reforma constitucional que hoy comienza un confuso debate parlamentario.

A la izquierda, parte del PS, los ecologistas, el PCF y el Frente de Izquierdas (FdI), son hostiles al proyecto presentado por la pareja Hollande - Valls.

La derecha

A la derecha, Nicolas Sarkozy comenzó anunciando que su partido, Los Republicanos (LR), apoyaría la reforma «si el gobierno socialista acepta algunas de nuestras exigencias». Sin embargo, François Fillon, antiguo primer ministro de Sarkozy, y aspirante al liderazgo conservador, se ha puesto al frente de una inflamable fronda conservadora de diputados hostiles a la reforma constitucional, que consideran inútil y confusa.

Manuel Valls se dice determinado a hacer pasar lo esencial de la reforma constitucional: privar de la nacionalidad francesa a los terroristas convictos y confesos. Sin embargo, el dairio «Liberation» insiste en la fronda de las izquierdas contra un proyecto que consideran amenazante contra el ADN del socialismo francés.

«Le Monde» abría su primera página de ayer jueves insistiendo en la profunda división de las izquierdas y las derechas, ante un proyecto concebido para «mejor defender a la nación». «Le Figaro», por su parte, se pregunta a toda página, si la reforma constitucional llegará a ser aprobada. Gérard Larcher, presidente del Senado (conservador), ha pedido al presidente Hollande que abandone su proyecto, falto, a su modo de ver, de una mayoría política sólida, dispuesta a defender un proyecto que pudiera precipitar un naufragio político grave, a quince meses de unas inciertas elecciones presidenciales.










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