Decálogo de ideas para el nuevo centro-derecha

Ideología sin complejos

Frente a la pretendida superioridad moral de la izquierda, lo políticamente correcto y la división ideológica de los españoles entre buenos y malos, el centro-derecha reivindica la libertad como elemento real, sustancial, y no meramente teórico o retórico. No hay libertad buena, o libertad mala. Hay libertad, o no la hay.

Liberalismo

En el ámbito económico, el centro-derecha se ha reconocido mayoritariamente en corrientes liberales vinculadas a un capitalismo moderado como eje del crecimiento de las sociedades del bienestar y como vertebrador de la consolidación de las democracias.

Nuevo lenguaje y comunicación.

La derecha no puede renunciar a lo que es, a su papel en la historia y a la legitimidad de la que goza en cualquier democracia. Explicarse mejor con una labor divulgativa y sincera, por dura y realista que sea para los ciudadanos, será una necesidad para que muchos votantes se sientan representados. Relativizar y adaptar el mensaje solo con el objetivo de que sea «admitido» por la izquierda o por las redes sociales, condenará a la derecha a una pérdida de identidad.

Políticas sociales

El centro-derecha no ha replicado con éxito al mantra de que las «políticas sociales» son siempre obra de la izquierda frente a una derecha amante de los recortes, los impuestos, los despidos o la desprotección de los menos favorecidos? Poner en valor el ejercicio de esas «políticas sociales» es una deuda pendiente de la derecha con su electorado.

Un proyecto nacional atractivo

La derecha tendrá que sacudirse la imagen de extremista y caduca. La derecha no es el pasado. También debe ser futuro y hacer que la sociedad visualice con connotaciones positivas la construcción de un proyecto nacional basado en la Constitución y alejado del sectarismo que la izquierda le atribuye. El diálogo es imprescindible en democracia, pero la cesión fuera de los márgenes de la Constitución puede no percibirse como la defensa de un proyecto nacional.

Regeneración y corrupción

No hay duda de que la derecha, el PP en particular, ha sido penalizada por la corrupción. Son muchos y graves los casos conocidos de relevantes dirigentes implicados en procesos penales, algunos de ellos ya con sentencia firme y en prisión. La visión de que el PP significa corrupción daña al militante de base y al elector que confió en sus dirigentes. La regeneración interna debe basarse en hechos contundentes y bien visibles para ese elector frustrado. Esa regeneración es inaplazable.

Democracia representativa

La derecha queda impelida de hacer una defensa a ultranza de la democracia representativa frente a la meramente participativa y asamblearia, para explicar con nitidez qué se puede hacer en política y qué no con los recursos disponibles. Sobre todo, en la explicación de gasto público. Hay que explicar que la democracia es lenta y es costosa, y ser realistas para separarse de la demagogia y los mensajes distorsionados de algunos populismos, basados en la idea de que todo es posible si democráticamente se quiere abordar.

Defensa de valores tradicionales

Buena parte del electorado de centro-derecha defiende valores tradicionales, como la defensa de la familia, y principios morales, en contra de la eutanasia, por ejemplo, que requieren una defensa también por parte de los partidos que les representan. Respeto y valor también a los símbolos e instituciones como elementos aglutinadores de un sentimiento de patriotismo moderno, de orgullo de pertenencia a una nación, equiparable al que se produce en la inmensa mayoría de países de nuestro entorno.

La demografía es el principal problema de nuestro país

La derecha está obligada a fomentar incentivos a las familias, ejercer un control que no sea ilusorio y retórico, y desvelar una gran realidad opaca de nuestra sociedad como son las ingentes bolsas de trabajo fraudulentas, la economía sumergida, la picaresca y la corrupción social, no solo política.

Adelgazamiento de la estructura del Estado

La derecha tiene un compromiso doble en el aspecto económico: la rebaja de impuestos como valor generador de riqueza posterior, y el adelgazamiento de la estructura del Estado, que es una reforma que nadie se atreve a acometer.

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