¿Debemos terminar todos a las 18.00 horas nuestra jornada laboral?

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El profesor José María Fernández-Crehuet es profesor doctor de la Universidad Politécnica de Madrid. Es uno de los mayores expertos de la conciliación que existe en el país y padre del libro «La conciliación de la vida profesional, familiar y personal. España en el contexto europeo» (Ediciones Pirámide y el saldo de ese libro es que España no sale, precisamente, bien parada en la comparativa. El profesor fue el mismo que en una anterior entrevista en ABC dijo cosas tan poco políticamente correctas como que hay parte de los directivos que arrastran en su cultura presencialista al resto de la plantilla porque ellos mismos no quieren regresar a sus hogares.

Ante la nueva fórmula presentada el pasado lunes en el Congreso de los Diputados por Fátima Báñez, ministra de Empleo, el profesor escribe para este periódico reflexiones que llaman a la reflexión de todos y responde a la pregunta, tan manida estos días, de si debemos terminar todos a las 18.00 horas nuestra jornada laboral.

«La organización del tiempo nos afecta a todos», dice Fernández-Crehuet. «Aunque el huso horario en el que se encuentre nuestro país condiciona nuestro diario uso del tiempo, urge contar con un horario que en la medida de lo posible sea lo más homogéneo posible para la mayoría de los trabajadores del sector privado, público, escuelas, guarderías, etcétera».

«El objetivo no es que todos tengamos el mismo horario (lo cual es imposible y generaría, por ejemplo, cantidad de problemas de tráfico y "cuellos de botella" en bares y restaurantes), sino acomodar nuestras vidas para poder integrar la vida personal, profesional y familiar. Pensemos que el uso del tiempo y la forma de conciliar tienen una influencia grande en muchos y diversos aspectos: la calidad de vida, la salud, el rendimiento escolar, la productividad, el sueño, la siniestralidad, los accidentes de tráfico, la igualdad, etc», añade el profesor.

Discernir sectores y actividades

Como ayer expresaran a este periódico tanto la patronal de empresarios como la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), no se trata de imponer un único horario mediante una ley y expresaron sus reservas a la propuesta de Báñez de «decretar» el cierre de la jornada a las seis de la tarde. Según Fernández-Crehuet, «hay que respetar la libertad de las personas y debe haber múltiples opciones de horarios según la actividad laboral de cada uno. Habrá servicios con un horario continuado de 24 horas (urgencias de los hospitales, bomberos, policía, etc.) y otros con un horario menor, pero también más extenso del habitual para prestar otros servicios (redacción de un periódico, radio, etc.). Deberíamos ser educados en la valoración y gestión de nuestro tiempo a la vez que hacemos uso de nuestra libertad y prioridades en la vida».

Cambiar la palabra cerrados por flexibles

Todos los expertos consultados por este periódico, como el presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios, José Luis Casero, abogaron por discernir sectores y actividades, porque no todos podrán poner en marcha la jornada, aunque sí se deben implementar rotaciones y turnos en las empresas afectadas. «La incompatibilidad del horario laboral del sector privado, escolar, comercio, hostelería, restauración y de la Administración Pública, es uno de los obstáculos más grandes a la hora de conciliar la vida profesional, personal y laboral. Habría que intentar seguir el horario europeo y, en la medida de lo posible, homogeneizar horarios de diferentes ámbitos respetando ciertas peculiaridades» de los mismos.

Una propuesta más, para Fernández-Crehuet, es la instauración del Día del Horario Europeo, parecido al día sin coche, día sin tabaco, etc. sería útil para empezar a concienciarnos de la necesidad del cambio, realizando una campaña de difusión y sensibilización, junto con un estudio de experiencia piloto que podría ser pionero a nivel español. Cabe destacar que para este profesor los horarios no deben ser, en ningún caso, cerrados, sino más bien flexibles.

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