Clinton ficha al azote de los banqueros en Wall Street
La popular senadora de Massachusetts Elizabeth Warren se une a la campaña de la demócrata
Elizabeth Warren está cabreada. Muy cabreada. «Cabreada de que amigos y vecinos hayan perdido sus casas cuando Wall Street quebró la economía. Cabreada de que, en vez de mandarlos a la cárcel, Washington rescate a los banqueros. Y ahora que vuestros fondos de pensiones están en apuros, Washington no mueve un dedo para rescatarlos. ¡Eso no está bien y estamos aquí para cambiarlo!».
Era la primera vez que la senadora de Massachusetts que más ha hecho para combatir la avaricia de Wall Street hacía campaña junto a Hillary Clinton, que la considera para vicepresidenta. El lugar elegido para un acto que dejó fuera a miles de personas haciendo cola ante un aforo repleto fue Cincinnati (Ohio), el Estado donde pueden decidirse las presidenciales de noviembre. Ningún republicano ha ganado nunca la Casa Blanca sin este Estado industrial. Y si bien Donald Trump ha demostrado batir nuevas marcas en la política estadounidense, una hora después su campaña anunció un mitin para hoy mismo en Ohio.
Warren es el perro de ataque que Clinton necesita para contrarrestar la lengua viperina del multimillonario «mezquino, inseguro y pesetero que no lucha por nadie más que por sí mismo». Trump promete «hacer grande EE UU», «lo dice ahí mismo, en esa gorrita estúpida que lleva puesta», recordó cuando el público abucheó el eslogan de Trump. «Si queréis ver a alguien ridículo miradle a él con esa gorrita», se mofó, «pero ¿grande para quién? ¿Para los millones de chavales que luchan para pagarse la Universidad? ¿Para los millones de jubilados que apenas sobreviven con su pensión? ¿Para las familias que no vuelan a Escocia a jugar en su campo de golf?».
Cuestión de ego
Clinton sabe que para convertirse en la primera presidenta de EE UU necesita convencer a los electores de que Trump «está en esto sólo por él mismo». Que sus aparentes deseos de ayudar al pueblo estadounidense a recuperar la grandeza perdida responden sólo al egocentrismo de un hombre que pone su apellido en letras doradas en lo alto de cada edificio que construye y ya piensa dónde quiere que le construyan una estatua en Washington cuando sea presidente -«al lado de la Lincoln», dijo el mes pasado en Alburquerque (Nuevo México).
El magnate piensa que el resultado del 'Brexit' le da la razón en sus políticas racistas antimigratorias, pero Clinton recuerda que el jueves pasado, «mientras él convertía los retos de la economía global en un publirreportaje, los fondos de pensiones de los estadounidenses perdieron cien mil millones de dólares».
La descabellada conducta del multimillonario empieza a marcar grietas en su popularidad. En la última encuestas encargada por 'The Washington Post' y la cadena de televisión ABC, ha perdido terreno y va doce puntos por detrás de Clinton. La encuesta revela que, mientras los seguidores de Bernie Sanders se han alineado rápidamente detrás de ella, el 13% de los republicanos que votaron por otros candidatos dice que lo hará por Clinton y el 11% se inclina por la abstención. Trump se lleva el 8% de los seguidores de Sanders, pero la batalla no ha hecho más que empezar.