Carmena monta un «parking» en unas canchas de baloncesto municipales

Imagine, por surrealista que parezca, bajar a las canchas del barrio a echar unas canastas y encontrar en pleno campo un «parking» controlado por «gorrillas». Desde hace tres meses, los usuarios del parque Salvador de Madariaga -enclavado entra la Mezquita y el tanatorio de la M-30- asisten atónitos al cambio de uso provisional que el Ayuntamiento ha otorgado a su instalación deportiva. «De película, ¿verdad?», afirma, no sin sarcasmo, una vecina con más de 30 años en la zona. A mediados del mes de julio, el Gobierno de Manuela Carmena inició, después de sacar a concurso público el contrato, las obras de rehabilitación del puente de La Paz, que soporta el viario de la avenida de Badajoz por encima de la M-30 y conecta los distritos de Ciudad Lineal y Salamanca.

Construida en 1970, los trabajos de adecuación en la estructura presentan un presupuesto de 1.717.155 euros, impuestos incluidos, y cuentan con un plazo de ejecución de cinco meses. Es por ello, que la situación actual del parque se alargará en teoría hasta Navidades, un hecho del que desconfían la mayoría de los viandantes. «Visto lo que han hecho, cuesta creer que todo vuelva a la normalidad», subraya Jorge, uno de los pocos que todavía se deja caer por allí con su perro. «Vengo porque no me queda más remedio, pero es una vergüenza», prosigue, convencido de que la problemática de las canchas es solo la punta del iceberg de un recinto en evidente degradación.

Tres adolescentes pasean por las canchas, ahora convertidas en «parking»
Tres adolescentes pasean por las canchas, ahora convertidas en «parking»

En ese sentido, fuentes municipales aseguran a este periódico que la empresa adjudicataria del proyecto tiene el compromiso de dejar el parque en perfectas condiciones al terminar la obra; y justifican la medida adaptada en base al espacio utilizado por la propia contrata para almacenar los materiales y las casetas de los trabajadores en la calle de la Virgen del Val. «Como es un lugar con déficit de zonas de estacionamiento, Madrid Calle 30 solicitó al Distrito de Ciudad Lineal habilitar temporalmente un ?parking? en el parque Salvador de Madariaga para que los vecinos no tengan problemas de aparcamiento», señalan las mismas fuentes.

Sin embargo, la realidad no resulta tan idílica. Basta un simple paseo por la pista para comprobar que al regazo de las decenas de vehículos que transitan a diario, una turba de «gorrillas» campan a sus anchas con total impunidad. «Si no puedo trabajar, ¿qué hago? ¿irme a robar?», advierte uno de ellos, con la desconfianza propia de quien comete una actividad ilegal. En grupos de dos o de tres y equipados con chalecos amarillos reflectantes, los «aparcacoches» dirigen la entrada y salida de turismos a casi cualquier hora del día. «Gracias a nosotros, nadie roba en el ?parking?», sostienen, al tiempo que niegan realizar ningún tipo de chantaje a los conductores: «Vivimos de la voluntad de la gente; si no nos pagan, no pasa nada».

Un «gorrilla» controla el paso de un motorista al aparcamiento
Un «gorrilla» controla el paso de un motorista al aparcamiento

Según ha podido saber este periódico, los «gorrillas» se organizan en turnos de tres horas, en los que sacan de media alrededor de 15 euros. «Prefiero darles algo de suelto a que me rayen el coche», coinciden varios de los afectados. Desde el Ayuntamiento inciden en que esta «actividad» es perseguida y sancionada y, pese a que apostillan que todas las quejas que llegan a la Junta de Distrito se trasladan a la Policía Local, lo cierto es que todo es competencia municipal. Labor que por ahora no inquieta a los infractores; tal es la tranquilidad con la que actúan que no tienen ningún problema en reconocer que, pase lo que pase con el devenir de la actual «instalación deportiva», seguirán con su cometido en el entorno del tanatorio.

Por si fuera poco, la parte exterior de las canchas del parque Salvador de Madariaga no mejora la tesitura anterior. Los mendigos malviven en la zona ajardinada, donde los residuos y el hedor de las heces humanas comparten protagonismo con la solitaria zona acotada para los columpios. «La verdad es que prefiero quedarme en el parque Breogán o caminar hasta El Calero», apunta Simón, quien, con su hijo pequeño en brazos, asegura estar más tranquilo cuando acude a jugar a la salida de la guardería.

Cartel de la antigua instalación
Cartel de la antigua instalación

En el sector que colinda con la M-30 y el tanatorio, una explanada decadente hace las veces de segundo estacionamiento. «Antes era todo verde, pero en 2015 lo levantaron porque supuestamente iban a hacer un huerto urbano», remarca otro residente, indignado por el resultado final: «Todo eso quedó en nada y ahora está lleno de litronas y restos de comida... Y ya, si miras detrás del muro, te das cuenta de que la basura que está ahí tirada lleva meses sin recogerse».

Otro de los asuntos polémicos son los puntos de venta ambulante ubicados en el acceso al pasadizo urbano que conecta la parte exterior de la Mezquita con el parque de las Avenidas. Los viernes es el día elegido para menudear con todo tipo de quincalla. «Ponen las mantas y colocan todo lo que encuentran por la calle», describe un lugareño.

Al caer la tarde, los puestos suelen ser desmantelados menos uno. «Soy el último en irme», exclama entre risas un hombre, ya famoso en la barriada. «Siempre está con su mercadillo, pero no da ningún problema y bromea con todo el que pasa», comentan dos señoras. Aunque el trasiego en el parque es constante, el asueto y los juegos recreativos cedieron hace tiempo el testigo a un abanico de controvertidas actividades, al que ahora se suma un «parking» municipal.

Restos de basura de los mendigos que malviven en el parque
Restos de basura de los mendigos que malviven en el parque
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