Caras bonitas y viejas glorias, la política del espectáculo en las listas

Felisuco y Agustín Bravo han sido los últimos en sumarse al nuevo escenario que se dibuja en la política española. Pero antes que ellos lo hizo Toni Cantó, otro de los fichajes que engorda desde 2015 las listas de Ciudadanos, copadas por candidatos atractivos o populares gracias a su pasado televisivo. La estrategia del partido presidido por Albert Rivera parece clara pues, como señala el politólogo Alberto Lahoz, ha buscado integrar entre sus filas a candidatos de perfil mediático para «captar al electorado no definido».

Otros, como el PP y en menor medida el PSOE, han apostado por la continuidad al elaborar listas prácticamente idénticas a las de los anteriores comicios mientras que Podemos, impulsado por su coalición con IU, se ha decantado por reforzar la nómina de candidatos con fichajes quizá menos agraciados pero con mayor carga ideológica y un pasado consolidado en la izquierda española, como Manolo Monereo. Esto, como todo en política, tampoco es casualidad.

Para disputarle el voto al bipartidismo, los que no acudieron a las generales de 2011 optan por recurrir a «perfiles cualificados y con amplio conocimiento parlamentario». El partido de Albert Rivera, que «tiene una estrategia de márketing impoluta» según Lahoz, ha integrado entre sus filas a candidatos de perfil mediático, personas populares de la televisión para aprovechar el germen ideológico por el que Ciudadanos siempre ha tenido un amplio espectro, «entre el centro izquierda y el centro derecha». La versatilidad para captar a un electorado tan diferente es su principal baza, pero puede convertirse también en su mayor vulnerabilidad.

Con candidatos de relumbrón como Toni Cantó y más recientemente los presentadores Felisuco y Agustín Bravo, la formación naranja «pretende atraer a gente de cualquier ideología; su estrategia es echar las redes e intentar pescar todo lo que se mueva», explica el politólogo Aleksandro Palomo, para quien esta maniobra de «atrápalo todo» intenta distraer al electorado de los problemas internos del partido y, sobre todo, «atraer a un votante que no tenga en cuenta el programa pero sí se deje convencer por un personaje más frívolo». Con los candidatos mediáticos que está fichando la formación naranja «lo que se persigue son titulares, mantenerse en los medios a cualquier precio», zanja Lahoz.

«La estrategia de C's es echar las redes y pescar todo lo que se mueva»Alexsander Palomo, politólogo

Ambos expertos coinciden en que el principal hándicap de Podemos, por su parte, es la imagen antisistema que proyecta. «Los otros partidos intentan orillarlos hacia una izquierda radical», reflexiona Palomo. Y para evitar que asocien a la formación morada con una ideología más extremista, el equipo de Pablo Iglesias incorpora a sus filas a «personas respetables, más moderadas, para atenuar esa imagen de antisistema, no tanto porque su intención sea acercarse al centro sino por mitigar el daño de ese aura con el que se percibe al partido», aclara. Ese papel lo cumpliría Julio Rodríguez que, como Jemad, formó parte de ese sistema del que reniega el partido.

Pese a la consigna de nueva política y regeneración democrática, Unidos Podemos no ha dudado en utilizar la figura de personajes históricos del partido que tuvieron un marcado carácter ideológico y con los que se pretende activar a un sector del electorado «dormido». En ese contexto, la presencia de Monereo y Anguita no es casual en la campaña de la confluencia de la formación de Iglesias y la de Alberto Garzón. «El uso (y abuso) de viejas glorias está generando crisis en algunas circunscripciones, lo que puede derivar en problemas de organización interna», razona Lahoz, que, pese a los riesgos, también cree que colaborar con gente como el «califa rojo» puede movilizar a gente que los recuerda con buenos ojos. «Principalmente esta táctica cumple dos objetivos: enlazar con votantes de otra época que confiaban más en el partido y, por otro lado, rememorar la imagen de buenos tiempos, de vacas gordas, activando a un público de otro rango de edad, más veterano», matiza Palomo.

Como señaló el politólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, Pablo Simón, a este diario «este tipo de fichajes estrella buscan un efecto cacofónico en los medios de comunicación», que se multiplique la exposición social.

Candidatos «reutilizados» en partidos diferentes

Los puntos de corte que antes podían estar diluidos en el eje ideológico, se acentúan ahora con la «puja» entre partidos clásicos y las nuevas formaciones. Y eso ha motivado que algunos se replanteen su situación, como explican los expertos, «en algunos casos, por convencimiento, y en otros, por oportunismo político».

«El uso y abuso de viejas glorias está generando crisis en algunas circunscripciones de Podemos»Alberto Lahoz, politólogo

Si bien reconocen que Toni Cantó es el único con trayectoria en política, también consideran que el actor cumpliría ese perfil arribista, capaz de dejar Ciudadanos por UPyD y luego volver a la formación naranja provocando movimientos «cuestionables», como desplazar, para estas elecciones, al número 1 en Valencia, porque según la organización interna «no ha cumplido las expectativas» en estos seis meses.

El trasvase de candidatos de un partido a otro no implica que los límites ideológicos entre formaciones se estén diluyendo, ya que desde el 20-D los caladeros de votos «están muy bien definidos». Más bien es consecuencia de la «crisis política que sufre el país y que está sacudiendo las estructuras mentales de mucha gente. Muchas personas que confiaban en unas ideas y siglas concretas han empezado a dudar de ellas y a cambiar de orientación», asegura Palomo, y eso ha llevado a que los partidos se sumen a nuevas estrategias de márketing, que si el partido tiene solidez suficiente, encaja correctamente, si no, rechinan.

Los partidos que «emergieron» el 20-D apuestan por fichajes de relumbrón, perfiles mediáticos que les garanticen «presencia en los titulares». PP y PSOE abogan, en cambio, por la continuidad: pocos cambios en sus listas, pero de calado. A poco menos de un mes para que se celebren los nuevos comicios, partidos comienzan ya a jugar sus cartas.

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