Aunque hay menos pandilleros, la Policía detecta una escalada violenta

Las bandas latinas han aumentado su actividad criminal y se han reactivado después de un periodo de calma. «Aunque cada vez son menos numéricamente, su grado de violencia va a más. Es decir, a medida que van menguando cuantitativamente sus miembros activos ?de ser más de 800 en su momento álgido, ahora no llegan a los 300?, cualitativamente son más peligrosos, mucho más agresivos». Así resume la situación un mando de la Brigada Provincial de Información de la Policía Nacional tres lustros después de que aterrizaran en España estos grupos.

Prueba de ello, el crimen del pasado domingo en Tetuán y los tres asesinatos registrados en 2016 derivados de enfrentamientos entre grupos rivales. Y todo ello, en diez meses, dado que desde 2013 no se había producido ninguno. Desde el primero, registrado en 2004 hasta la fecha, ha habido 14 en total. Los últimos «no son casuales, es fruto de esa virulencia», asevera. Todo ello nos retrotrae a los años en los que se registraron más homicidios por los choques entre dichas bandas rivales: 2005 y 2006, con tres en cada uno.

Las tres últimas muertes violentas de 2016 están ya resueltas. La que cerró el año se produjo en Alcobendas el pasado 28 de noviembre. Ahí perdió la vida de un tiro en el pecho Enrique Martínez Reyes, de 18 años, de padre español y madre dominicana.

Y todo ello en una pelea estúpida por una deuda de 70 euros, posiblemente relacionada con el trapicheo de drogas, a manos de otro joven de la misma edad y banda, Dominican Don?t Play (DDP), en fase de estudio. El hecho de pertenecer a la misma pandilla lo ha convertido en el primer asesinato de estas características en nuestro país, un extremo inaudito que supuso un punto de inflexión. El autor fue detenido dos días después. Estaba siendo amenazado de muerte por otros «dominican»; además, tenía tres antecedentes policiales.

El crimen anterior se produjo por una deuda de 70 euros relacionada, presuntamente, con el trapicheo de drogas

«Come mierda, dame lo que me debes». Así empezó la trifulca cuando víctima y verdugo se encontraron en el Parque de Cataluña. En total eran entre ocho y diez personas divididas en dos grupos. La víctima sacó su arma blanca; el otro, su pistola modificada y disparó sin pensar. «Para ellos la vida no vale nada», explica el mando policial. Los otros dos homicidios se produjeron en Puente de Vallecas y en Sol. En el primero, el 25 de septiembre, perdió la vida a machetazos un menor ecuatoriano de 17 años, vinculado a los «ñetas», a manos de un «trinitario». Un nutrido grupo de estos fueron en busca de sangre y la encontraron. Pugnaban por el control del distrito

El primer asesinato de 2016 se produjo el 7 de marzo en pleno centro. La víctima, otro menor de 15 años, acuchillado en el corazón tras una batalla campal entre DDP y Trinitarios fruto de un encuentro fortuito. Estos últimos, entre los que se encontraba la víctima, fueron los peor parados.

Pérdida de corona

De la reactivación de estas bandas ha venido alertando también la Fiscalía de la Comunidad que en su Memoria correspondiente a 2015, se mostró preocupada por el «repunte de la actividad» de las bandas, que durante ese año y el anterior «protagonizaron hechos de especial gravedad». Así lo dijo el Fiscal Superior de la Comunidad Jesús Caballero a primeros de septiembre. Entonces solo aludía a las detenciones ?198 en total; 43, de menores en las 89 operaciones realizadas? según fuentes policiales. Aún no había llegado la espiral sangrienta que se produjo a continuación. Del total de miembros activos, entre 250-300 (frente a los 800 de hace ocho años, lo que da idea del trabajo policial realizado), la mayoría tienen entre 16 y 22 años.

La banda más fuerte es la de los Trinitarios (con unos 80 integrantes); seguidos de los DDP ( 50-60); los Ñetas, (60-70) y los Latin King (30). Los grupos más peligrosos son los dos primeros, de origen dominicano, una vez que la cúpula de los Reyes Latinos fuera juzgada y perdiera su corona en la calle en 2010 una década después de su creación en Galapagar (Madrid).

«La dinámica de estas bandas es como la de los dientes de sierra; tienen momentos de meseta, de calma, en la que apenas hay hechos delictivos y otros de cresta, de repunte, como ahora», indica otro de los responsables. Además, las revanchas ante un crimen no se suelen producir de inmediato. Son enemigos y sus acciones son consecuencia de su actividad pandillera y de la rivalidad que mantienen desde sus países de origen, «en el 90% de los casos por confluir en un mismo espacio».

A las armas con gran poder lesivo que usan, como los bolomachetes, se suman las de fuego modificadas y el trapicheo de droga. «Son escuelas de delincuentes;algunos aprovechan las habilidades adquiridas en las lesiones y coacciones para la delincuencia común», agrega este agente. Los pandilleros están aprovechando la oleada de okupaciones para sustraerse de las zonas públicas, donde son más detectables. «Estas bandas son como una infección; hay que rebajarla y procurar que no se extienda».

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