Aprender a andar

«Esto es como aprender a andar solos. Nos habíamos acostumbrado como partido a ir de la mano de un líder, que tampoco se puede decir que fuese carismático, y ahora nos han soltado de golpe y nos tiemblan las piernas. Tanto tiempo despotricando de las primarias, diciendo que eran una chorrada de la izquierda, que no iban con nuestro estilo, que sólo servían para causar divisiones internas, y de repente resulta que tenemos que hacerlas. A todo correr y no con dos o tres aspirantes sino con media docena. Cualquiera sabe cómo van a reaccionar los mismos afiliados a los que nos hemos hartado de repetir que este procedimiento era una monserga. La primera incógnita es la participación, la respuesta. Me temo que el famoso censo de los 850.000 vaya a quedar en evidencia, y a partir de ahí podemos ir de sorpresa en sorpresa. Como vote poca gente no nos van a quedar ganas de verbena».

«Sí, yo soy de los que querían que Feijóo se hubiese presentado. Primero porque pienso que era de largo el mejor candidato, y luego para impedir que Santamaría y Cospedal den un espectáculo. No me preguntes qué ha pasado, supongo que hubo una mezcla de factores: quizá pretendía la aclamación en solitario, o tal vez entendió que alguna de las dos señoras, o las dos, no quería ceder por las buenas el liderazgo. Incluso es posible que de verdad no le apeteciese dar el paso. Lo puedo entender pero en todo caso lo ha explicado mal, o más bien no lo ha explicado, y eso ha dejado todavía más confusión en un proceso que ya de por sí está muy poco claro. Y es una pena porque, ya puestos, podría ser una oportunidad para sacudirnos el marasmo. Ya no hay más remedio que improvisar: a andar se aprende andando».

«¿Que si puede ganar Casado? Por qué no: desde luego es el más dinámico, el que por edad está más acostumbrado a esta clase de situaciones que exigen movimientos resueltos y rápidos. Ha apostado por los jóvenes, que son los que ven las primarias con más entusiasmo. Si la afiliación más madura se moviliza poco, es perfectamente posible que gane; de momento ya tiene mérito que en medio del duelo bipolar se haya abierto espacio. Tiene determinación, instinto y un mensaje diáfano: romper con el pasado, volver a conectar con los votantes que se están pasando a Ciudadanos. Lo que nadie sabe es cuánto va a pesar la inercia del marianismo en un momento en que la salida tan abrupta del poder ha dejado al partido muy descolocado».

«También le veo otra ventaja, y es que es el único que tiene recorrido para perder las próximas elecciones y seguir adelante. Ni Dolores ni Soraya podrían sobrevivir si no le ganan a Rivera y a Sánchez, que es una hipótesis por desgracia bastante probable. Tanto que a veces pienso si Alberto no estará esperando, a la gallega, que ocurra eso para postularse. O para que lo vayan a buscar como la última esperanza de evitar la catástrofe...».

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