Alemania protege sus empresas de compradores extranjeros

Durante los años de crisis, a partir de 2008, muchas empresas alemanas fueron cayendo en manos de inversores extranjeros, especialmente chinos, por lo que el gobierno de Berlín ha impulsado una nueva normativa, aprobada hoy por el consejo de ministros de Merkel, destinada a vetar la venta de empresas germanas de sectores estratégicos. El decreto amplía las posibilidades del gobierno de vetar una operación de compra si se trata de empresas vinculadas a las infraestructuras, la tecnología de defensa, la energía o las comunicaciones, por ejemplo, blindando así sectores clave.

«Somos una de las economías más abiertas del mundo, pero también nos preocupamos de que haya una competencia leal. Se lo debemos a nuestras empresas, que a menudo se enfrentan a competidores de países con una economía no tan abierta», ha explicado la ministra de Economía, Brigitte Zipries, que ha justificado la decisión refiriéndose a la legislación europea, que contempla la supervisión de operaciones que puedan suponer una amenaza para el suministro energético, orden público, las comunicaciones o la seguridad.

El decreto llega después de que el año pasado el fabricante de electrodomésticos chino Midea se hiciera con la mayoría del accionariado de la compañía germana de robótica Kuka. La operación causó gran revuelo ante el temor de que China se hiciera con conocimientos tecnológicos alemanes y poco después el Ministerio de Economía frenó la compra de Aixtron, una compañía del sector tecnológico, por parte del inversor chino Fujian Grand Chip Investment (FGC).

Especialmente vulnerables a este tipo de situaciones son las pequeñas y medianas empresas alemanas, columna vertebral de la economía del país y activas en las más punteras tecnologías y que no pueden competir con otras más grandes que sí participan en el programa de compra de deuda corporativa del BCE, lo que limita enormemente su margen de maniobra. China ya ha superado a Estados Unidos como el mayor inversionista extranjero directo de Alemania por número de operaciones. AChristian von Stetten, legislador alemán y supervisor del comité de empresas Mittelstand, señala que muchas de ellas han tenido problemas en los últimos años y que la inversión china, en ocasiones, es una buena salida, aunque siempre existe el temor de que los inversores chinos desmantelen las empresas y reduzcan o transfieran los puestos de trabajo, al tiempo que se apropien de importantes patentes y tecnología. Las pymes alemanas emplean al 70% de los trabajadores del país, con un total de 42 millones.

La mayor adquisición china se produjo cuando Sany Heavy Industry compró Putzmeister Holding, la mayor compañía alemana que fabrica bombas de cemento, por 653.000 millones de euros y que, durante 2009, logró ventas por 548.000 millones. La compañía LDK Solar (LDK), segunda mayor fabricante de paneles solares, acordó la compra de Germany?s Sunways, fabricante nacional de paneles solares que luchan por competir con Asia, y, en menos de tres meses después de la transacción, XCMG Group, fabricante chino de maquinaria de construcción, compró Putzmeister, su mayor competidor. De esta manera, los ejecutivos asiáticos están disminuyendo la resistencia alemana con promesas de seguridad en el empleo y apelaciones al orgullo nacional. Sany, por ejemplo, planea hacer de Aichtal su sede mundial para la maquinaria de concreto y ha prometido mantener abiertas todas las plantas de producción alemanas hasta 2015. Además de esto, se utilizará la marca alemana en todos los países distintos de China para salvaguardar el «made in Germany», con el objetivo de aumentar las ventas anuales de Putzmeister.

Más protección

Pero el gobierno alemán no considera que pueda dejarse esta evolución a la casuística en los sectores estratégicos para el país. Sin citar a ningún país en concreto, la ministra Zypries ha recordado que en los últimos años las ventas de empresas alemanas a compañías extranjeras han aumentado en volumen y complejidad y subrayó la necesidad de reaccionar, de forma que a partir de ahora, queda establecida la obligación de notificar operaciones relacionadas con empresas de «infraestructuras estratégicas» y también los plazos para analizarlas, buscando «más protección y reciprocidad».

Cualquier compra de más del 25 % del accionariado de empresas alemanas por parte de inversores de fuera de la UE o de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), que incluye a los 28 y a Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza, podrá ser revisada por el Ministerio de Economía, que analizará si se pone en riesgo el orden público o la seguridad del país. En áreas como las empresas armamentística o tecnologías de encriptación se revisan todas las operaciones extranjeras sin excepciones. Los plazos para las inspecciones quedan ampliados además dos a cuatro meses para tener la oportunidad de reunir más información y estudiarla más a fondo. En las inspecciones quedarán incluidas también las operaciones indirectas, aquellas en las que una empresa extranjera crea una compañía en suelo europeo y compra después a través de ella una firma alemana.

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