Alcón y Benavent, en el corazón de la trama del PP valenciano

La exalcaldesa de Valencia Rita Barberá ha acaparado todos los focos desde que estalló la operación Taula a finales de enero. Con la mitad de los integrantes de su última candidatura imputados por un presunto blanqueo de capitales, se antoja complicado creer que, si se demuestra la práctica de aflorar dinero negro -procedente de presuntas mordidas- a través de donaciones de concejales y asesores para la campaña del PP, Barberá -que también donó 1.000 euros- fuese ajena por completo al asunto, como ha afirmado en sus últimas comparecencias.

Pero el tirón mediático de Barberá ha difuminado un segundo nombre que es clave en el caso Imelsa: el de la exconcejal de Cultura y exasesora del grupo municipal María José Alcón. La intervención de su teléfono móvil fue el cabo del que empezó a tirar la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil para que el juez haya acabado imputando (investigando) a 49 personas y al PP como partido.

Lo cierto es que Alcón está implicada de una forma u otra en los últimos escándalos de corrupción del PP valenciano. Es la única exconcejal que fue detenida en la Operación Taula -los demás imputados fueron citados a declarar- y que está en libertad bajo fianza de 150.000 euros; su marido y exvicealcalde Alfonso Grau se sienta en el banquillo de los acusados por el caso Nóos; acaba de ser procesada por fraude fiscal junto a su madre y hermanos...

Malas noticias tras la boda

Alcón y Grau se casaron en segundas nupcias -él, viudo; ella, con una sentencia de nulidad de su primer matrimonio- el 28 de febrero de 2015, con Rita Barberá como testigo. Se habían enamorado unos años antes, cuando la entonces concejal de Cultura se cayó desde un segundo piso y, durante su convalecencia, el exvicealcalde asumió sus competencias. Como comentan en una de las conversaciones recogidas en el sumario, desde la boda se les han acumulado las malas noticias. A Grau lo procesaron mientras estaba de luna de miel y al regresar, el 14 de marzo de 2015, tuvo que dimitir como vicealcalde. Alcón también dimitió, forzada por Barberá, cuando en mayo trascendió una de sus conversaciones -grabada en 2006- con el exgerente de Imelsa Marcos Benavent, en la que se daba a entender que estaban aceptando sobornos para adjudicar obras de su concejalía.

Imagen de archivo de María José Alcón
Imagen de archivo de María José Alcón- ABC

La relación entre Alcón y el que se autobautizó como «yonki del dinero» tras desaparecer de la noche a la mañana en diciembre de 2014 -al trascender la denuncia de Izquierda Unida sobre las mordidas en Imelsa, donde era gerente-, y reaparecer luego como una suerte de eremita «zen» para colaborar con la justicia, se remonta a los tiempos en que la exconcejal estaba casada aún con su primer marido, Vicente Burgos, expresidente de Nuevas Generaciones.

Benavent y Burgos -quien también fue detenido en la Operación Taula el 27 de enero- se conocían desde sus tiempos en la Consejería de Cultura valenciana, que entonces dirigía el hoy eurodiputado popular Esteban González Pons. El exmarido de Alcón, amigo de González Pons y de Francisco Camps desde sus tiempos de universidad, dirigió durante unos años a partir de 2003 la Fundación Jaume II el Just, encargada de impulsar culturalmente el Monasterio de la Valldigna.

Benavent, que había sido concejal de Juventud en Xàtiva a las órdenes de Alfonso Rus -luego presidente de la Diputación, donde lo colocó en Imelsa-, también pasó en 2003 por la Consejería de Cultura de González Pons, como asesor. En esos tiempos, su imagen distaba mucho de la que ofrece ahora: siempre perfectamente peinado y afeitado, siempre con traje. Se cuenta que fue en esa época cuando Benavent se metió en medio de todas las adjudicaciones de la consejería, con el presunto objetivo de desviar fondos de las contratas para destinarlos a la financiación irregular del PP valenciano. Y, de paso, quedarse con un pellizco.

Un reloj-grabadora de espía

Benavent es un personaje tan crucial en la trama como la propia Alcón. De las conversaciones entre ambos que obran en el sumario, registradas por el «yonki del dinero» con un reloj-grabadora propio de un espía, se deduce que al menos desde 2005 -antes de que la exconcejal de Cultura tuviera su accidente e iniciase su relación con Grau- se pusieron de acuerdo en varias ocasiones para orientar adjudicaciones de la Concejalía de Alcón a cambio de comisiones del 2% del valor de licitación. «Ahí te dejo 10.000 euros, 5.000 para el partido y 5.000 para mí». Lo dice la voz de Benavent en una de sus auto-grabaciones con Alcón, en alusión a la mordida por adjudicar a Cleop la restauración del Portal de Quart.

Benavent y Alcón no son solo los personajes centrales de la trama. Son también los principales testigos de cargo en el caso. Benavent ha facilitado horas y horas de material sonoro. Alcón y su marido son los únicos, junto con los exasesores de este último, que han admitido el blanqueo.










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