Un toque a los empresarios

España, como Estados Unidos, sólo puede recuperarse en la medida en la que lo haga el consumo interno. La estructura[…]

España, como Estados Unidos, sólo puede recuperarse en la medida en la que lo haga el consumo interno. La estructura actual del PIB de ambos países así lo exige. Con el ritmo de destrucción de empleo que está sufriendo la economía española en particular, es muy difícil que el consumo se restablezca. Ahora, la prioridad debe ser detener la destrucción de empleo. El abaratamiento del despido o la introducción de nuevas modalidades de contrato con menos garantías no parecen las medidas más adecuadas para conseguirlo. Tampoco, la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social. En un momento de crisis económica, justo ahora que Miguel Ángel Fernández Ordóñez ha alertado sobre la posibilidad de que entre en situación deficitaria, ésta sería una medida contraproducente.

Se ha reclamado responsabilidad a los Gobiernos y éstos se han puesto manos a la obra; se ha pedido moderación y sentido de realidad a los sindicatos, y han tomado nota; pero también los empresarios tienen que aportar su granito de arena. ¿Cómo? Dejando de aprovechar, como hasta ahora, el argumento de la crisis económica para "soltar lastre", sin ser conscientes de que esas decisiones van alargando la espiral de una recesión que ya es la más larga desde los años treinta.

Hay que ser consciente de que hay empresas que están atravesando problemas difíciles. Sí. Y que no tienen más remedio que realizar despidos, expedientes de regulación de empleo... Pero hay otras que, aprovechando la coyuntura, únicamente aspiran a elevar sus ratios de rentabilidad de la manera más fácil y rápida: reduciendo los costes de personal, esto es, aportando su granito de arena a la cola del Inem. ¿Para eso sirven los caros másters de las escuelas de negocios?

¿Qué hacer entonces? ¿Reducir los salarios como apuntan algunos? Ésa sería otra medida contraproducente: la reducción del poder adquisitivo de los trabajadores también haría un flaco favor al PIB. Sobre todo teniendo en cuenta la siguiente paradoja: durante la fase de bonanza más larga y más boyante de la Historia, el trozo del pastel, la porción de riqueza que les correspondía a los salarios se ha ido haciendo más y más pequeña.

José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, por ejemplo, es partidario de que los agentes sociales, Gobierno, patronal y sindicatos, lleguen a un acuerdo estatal en materia de salarios y establezcan una subida de un 2%, en línea con la inflación prevista por el Gobierno.

En realidad, lo mejor sería que aprovecháramos la coyuntura para cambiar el modelo de crecimiento de la economía española. Los Estados sólo pueden tener un papel decisivo en las denostadas economías planificadas. En economías de mercado, esto sólo lo pueden hacer las empresas. Hay que tener confianza en la clase empresarial: sus mayores avances e innovaciones han tenido lugar en momentos tan complicados como el que estamos atravesando. Y España ha logrado cambiar de modelo de crecimiento varias veces en el último siglo. A ver ahora.

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