Popular, dos planes de vuelo antagónicos para una aeronave bancaria sin rumbo
Los dos últimos presidentes se reprochan no haber actuado acorde al estado del banco, cuya hoja de ruta le llevaba directo a la desaparición
Ángel Ron y Emilio Saracho, dos banqueros reconvertidos a pilotos. Solo desde la simulación de haber estado a los mandos de la cabina de un avión pudieron hilar la justificación de los diez años y tres meses, respectivamente, en los que se mantuvieron al frente del Banco Popular. Sus comparecencias en el Congreso para explicar su gestión, el pasado jueves, derivaron en una referencia continua a la forma de pilotar una aeronave que para uno se encontraba en perfecto estado;_y que, para otro, no tenía más remedio que buscar algún punto de aterrizaje en medio del océano, porque estaba condenada a morir.
Las alusiones a los planes de vuelo fueron continuas después de que Ángel Ron acusara a su sucesor de querer encauzar el rumbo del Popular como si fuera un avión. «Le gustaba poner ejemplos de vuelo para justificar sus decisiones», reveló en su comparecencia en la comisión que investiga la crisis financiera. No es casual, porque Saracho ejerce como consejero de uno de los grandes grupos de aerolíneas, IAG.
El plan de vuelo que uno y otro trazaron, y luego presentaron, ante los diputados era completamente distinto. Será la Audiencia Nacional la que dirima si las decisiones que tomaron en sus presidencias cumplieron los requisitos legales. Pero tanto Ron como Saracho aprovecharon su presencia en las Cortes para armar su defensa de cara al proceso que está abierto tras las demandas de los accionistas perjudicados, que perdieron todas sus inversiones tras la resolución del grupo hace un año.
Para el primero de ellos, que ejerció de presidente del Popular de 2006 a febrero de 2017, la entidad «estaba bien»;_«era solvente». Ron sostiene que las cuentas del grupo «siempre han ofrecido una imagen fiel e íntegra de la entidad». «Se ha dicho la verdad», indicó. Y_ello pese a que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha abierto una investigación para determinar si el banco falseó sus resultados en 2017 y también ejercicios previos.
Sin autocrítica
Pero Ron, ajeno a las consecuencias que se podrían derivar de ese expediente del regulador, y sin ápice de autocrítica en su década de gestión, insiste en que al Popular se le aplicó una decisión -por parte de la Junta Única de Resolución (JUR)_europea- «inapropiada para el estado de la entidad», que, a su criterio, no pasaba por mala situación. De hecho, afirmó que el Santander -comprador del banco- «se ha hecho con un inmenso botín».
Tachó esa decisión de «vaciamiento patrimonial», «expropiación», «confiscación», «atropello»... Porque reconoció incluso haber perdido un millón de euros que tenía invertidos en su banco. Sin embargo, los ataques se dirigieron sobre todo contra su sucesor, al que acusó de querer «pilotar un avión comercial como si fuera un caza». «El avión llegará al aeropuerto, sí, pero la tripulación y los pasajeros se mueren, como ocurrió finalmente», afirmó Ángel Ron en referencia al modo de gestión que había llevado a cabo Emilio Saracho. Incluso reveló que si era necesario, «lo estrellaría en la puerta del Banco Central Europeo».
Apenas media hora después de verter esas críticas en sede parlamentaria, el receptor de todas esas acusaciones no quiso entrar inicialmente en la dialéctica aérea. Aunque, al final, cedió. Y lo hizo para reconocer que sí, que Popular era una aeronave. «Me pareció que era como si un avión iba volando sin licencia, porque si no sabes cuánto capital tienes de verdad, no puedes operar», explicó refiriéndose a la falta de información que tenían en el propio banco sobre cuál era su realidad en cuanto a necesidad de provisiones, capital o recursos propios.
¿Abocado a la resolución?
La visión de Saracho sobre el grupo era completamente diferente a la de Ron. «Creo que el Banco Popular estaba condenado por la situación del banco y por la regulación que debía cumplir», llegó a explicar a los diputados. «Estaba en las últimas, era una bomba de relojería, un enfermo terminal», apuntó. «Si veías sus tripas, era un desastre», insistió. En fin, era «una caca», remató.
De hecho, el último presidente de la entidad tras 91 años de historia reconoció que la resolución de la corporación fue «un milagro». Saracho cree que se quedó sin otra opción tras la dinámica de salida de depósitos en la que entraron sus clientes -muchos, grandes instituciones- que retiraban su confianza tras una sucesión de acontecimientos que sumaron para la sangría final:_pasó de perder 5.255 millones en mayo del año pasado a dejarse 5.742 en los cinco primeros días de junio. O vendía la entidad a otro grupo o autorizaba una mega-ampliación de capital. Eran las opciones que, para Saracho, le quedaban al Popular.
Al final el avión aterrizó, aunque dejando no pocas víctimas en el camino:_miles de accionistas que vieron esfumadas sus inversiones tras comprobar dos modos de pilotar muy argumentados, pero desastrosos.