Los pros y contras de la compensación de Madoff

Algo de cargo de conciencia demuestra que tiene Santander con la compesación que ha ofrecido a sus clientes afectados por[…]

Algo de cargo de conciencia demuestra que tiene Santander con la compesación que ha ofrecido a sus clientes afectados por la estafa de Madoff a través del Optimal, su gestora de hedge funds, ahora en disolución. La entidad ha tomado la iniciativa antes de sentarse a negociar con los clientes que le han demandado. De forma implícita asume parte de la responsabilidad en un escándalo que ha dañado la imagen y la reputación del banco que preside Emilio Botín. De momento, el bufete de abogados que lleva la demanda colectiva, Cremades & Calvo-Sotelo, han sido prudentes al calificar la propuesta positivamente, aunque indica que sólo es para los clientes particulares.

Sobre la mesa, la oferta de Santander parece más una campaña comercial de fidelización que una forma de resarcir a los clientes descontentos. La entidad emitirá participaciones preferentes por valor de 1.380 millones que canjeará por la inversión inicial hecha por los clientes, con un cupón de rentabilidad del 2% y una opción de compra del emisor dentro de diez años. Vamos, un matrimonio de conveniencia con el banco a cambio de un 2% de rentabilidad, alejada del 8% que ofrecía como anzuelo los productos de Madoff, y de que se comprometa a no venderlas.

La operación le supondrá al banco 500 de millones de euros. Una cifra con la que espera el banco ahorrarse un largo litigio que le siga vinculando a la mayor estafa financiera de la historia y que siga manchada su reputación. Para las víctimas es casi una oferta irrechazable -decidir entre una travesía judicial que puede terminar naufragando o asegurarse una pequeña compesación-, en la que se presupone que los afectados rechazaran de forma definitiva emprender cualquier medida legal.

Otra cosa será el caso de los clientes institucionales. La oferta no les incluye. El banco argumenta que estos disponían de mayor información para decidir donde dejaban sus inversiones. Varias preguntas saltan a la palestra: ¿habrá una propuesta diferente para ellos? y ¿cada una de las fortunas tendrán propuesta individuales?, o a la mejor Santander prefiere mantener una larga batalla legal y en este caso, ¿por qué?

A simple vista, parece un reconocimiento a los afectados más débiles, a la vez que admitir que el banco se equivocó. La crisis financiera ha quitado el disfraz a las grandes inversiones y a las grandes oportunidades, agrandando los errores financieros. Y eso por desgracia, sabe demasiado Santander desde que estalló el mayor crash desde la Gran Depresión de 1930 en Estados Unidos. Quizá en cualquier otro momento, el fondo de Madoff, los productos de Lehman y las inversiones en Royal Bank Scotland y en Fortis; hubieran sido todo un éxito, como han sido otras decisiones estratégicas de Santander.

Demasiado error para un banco que presume de vigilar el riesgo como nadie. Y demasiado coste para sus accionistas y ahorradores. No hay que olvidar que tanta equivocación se ha comido en forma de provisiones ya casi el 45% de los 7.200 millones de la ampliación de capital.

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