ING: llueven piedras y faltan maneras
En ING llueven piedras pero faltan maneras. Aquí, en la piel de toro, la filial ING Direct tiene más de[…]
En ING llueven piedras pero faltan maneras. Aquí, en la piel de toro, la filial ING Direct tiene más de 1,7 millones de clientes y gestiona 15.000 millones de euros. Por eso, no se entiende que el director general para España y miembro del Consejo Ejecutivo Mundial, César González-Bueno, entrara este fin de semana 'a saco' en los micrófonos de la Cadena Ser.
Tenía la oportunidad de templar gaitas con elegancia, pero antes de que los periodistas le enseñaran el capote, embistió con esta perla: "Me sorprende la falta de rigor con la que han abierto ustedes la noticia", dijo, en alusión a la caída del 27% que marcó el viernes ING en la Bolsa de Ámsterdam. Claro, "es que antes había subido un 27%", se despachó el directivo, que aprovechó para enmendar la plana al repetir que ha habido un "encadenamiento de errores conceptuales que nos podíamos ahorrar". Tras esto, pasó a responder amablemente.
Es cierto que cuatro días antes, el 13 de octubre, el banco naranja subió un 27%. Pero los números cantan, por mucho que el señor González-Bueno intente maquillarlos. El 3 de octubre, las acciones de ING valían 18 euros, y el viernes pasado sólo 7,33 lo que supone una caída en diez días del 59,27%, prácticamente la totalidad del 63% que cede en lo que va de año. Dos días antes de la debacle, el miércoles 15 y el jueves 16, las pérdidas se fueron al 13% y al 15% respectivamente.
El mercado barruntaba algo, sobre todo después de que Goldman advirtiera el mismo día 15 de que las aseguradoras británicas y holandesas lo pasarán mal. Tal vez el castigo hubiese sido menor si alguien hubiera movido ficha antes desde Ámsterdam, pero ING abrió la boca el viernes a las cinco de la tarde -para decir que perderá 500 millones de euros este trimestre- cuando los inversores habían machacado -literalmente- su cotización. Es una mala gestión de las crisis en toda regla.
González-Bueno intentó convertir el agua en vino y dijo que la inyección "es una buena noticia" porque la medida se da ante una "buena situación", para garantizar la solvencia. Así dicho, es como si usted está más sano que una pera limonera, pero el médico le receta tres cajas de antibióticos, por si acaso. La realidad es bien distinta porque la decisión tiene pinta de ser una nacionalización encubierta de la entidad -dos consejeros estatales con derecho a veto sobre decisiones que afectan al 25% de la empresa- "que intenta disimular los problemas reales que arrastra en temas de capital y negocio", según apuntan los expertos de Inverseguros.
Lo mejor que hizo González-Bueno fue transmitir un mensaje de tranquilidad a los clientes, a los que lanzó flores de este estilo; "están más educados que la media y ya han pasado por esto en otras ocasiones". Como es lógico trata de evitar la huida de fondos hacia otras entidades. Y servidor, que es cliente, le hará caso, pese a las maneras y porque en su momento ING puso firme -o histérica, según se mire- a la banca española ofreciendo unas rentabilidades por el ahorro que por estos lares no se estilaban, ni de lejos. Y también porque en la actual coyuntura cuesta creer que un banco del tamaño de ING quede desamparado. Además, tras la inyección, el ratio de solvencia (Core Tier 1) sube hasta el 8%, frente al 6% que exige Basilea II. Un buen punto de partida para afrontar un problema.