¿Hasta cuándo van a sacudir a los bancos españoles?
Tan contentos estábamos del efecto de los tests de stress sobre los bancos y cajas de ahorros españoles, que ahora[…]
Tan contentos estábamos del efecto de los tests de stress sobre los bancos y cajas de ahorros españoles, que ahora nos sorprende esta nueva cruzada que parece haberse iniciado contra las entidades financieras españolas. La crisis de Irlanda ha disparado de nuevo el riesgo de España y ha servido de argumento para que los inversores de todo el mundo vuelvan a mostrar su desconfianza en nuestros bancos. ¿Por qué?
Parece evidente que aquellos tests de stress están ya amortizados y algo nuevo habrá que inventarse para alejar la creciente desconfianza. Es verdad que, a partir de los tests, el sector financiero español tenía pendiente algunos movimientos para profundizar en su reestructuración que no han llegado a producirse. Pero, sobre todo, las informaciones surgidas en las últimas semanas de bancos y cajas no han sido muy alentadoras. Los resultados trimestrales presentados ponen en evidencia un claro deterioro en los márgenes financieros. Y los analistas temen que se trate del inicio de una tendencia que podría ser especialmente pronunciada a lo largo del próximo año. Porque 2011 será muy duro para la banca, con una morosidad en ascenso, un negocio estancado y unos márgenes financieros tirando a la baja ante la creciente competencia en el sector.
Hasta ahora, Santander y BBVA han sido un muro de contención ante las regulares noticias del resto del sector. Pero, en las últimas semanas han contribuido a aumentar la desconfianza. El primero tuvo que reconocer la dificultad para obtener los resultados prometidos ante algunos cambios normativos; el segundo ha llevado a cabo una compra que a analistas e inversores no les ha parecido bien, por mucho que ello permitirá a la entidad captar más dinero del que pueda necesitar para la operación turca.
Lo positivo de la situación es que, descontados estos acontecimientos, podría decirse que se está tocando fondo y, por tanto, pocas razones pueden quedar ya para seguir sacudiendo a los bancos españoles.