Estonia, de la primera ciberguerra del mundo a la vanguardia digital europea

La diminuta Estonia se ha consolidado como la sociedad más digitalizada de la Unión Europea, tan sólo diez años después[…]

La diminuta Estonia se ha consolidado como la sociedad más digitalizada de la Unión Europea, tan sólo diez años después de haberse convertido en la primera víctima de una ciberguerra en el siglo XXI propagada desde Rusia.

"Nuestra ventaja es que somos pequeños y tenemos más flexibilidad. Podemos actuar y responder muy rápido", explica a Efe el responsable de ciberseguridad del Departamento de Respuesta a Incidentes de la Autoridad del Sistema de Información de Estonia, Klaid Mägi.

Estonia, que ostenta la presidencia de turno de la Unión Europea hasta diciembre y acoge mañana una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE, apostó hace veinte años por los algoritmos y la criptografía como lanzadera hacia el futuro.

Ya en 1997 casi todos los colegios estonios tenían internet y actualmente el 99,6 % de las transacciones bancarias son digitales en Estonia, un país con una superficie de 45.336 kilómetros, que el Banco Mundial define como "lo más cercano a una sociedad digital".

En el desarrollo tecnológico han influido la proximidad geográfica con la puntera Finlandia, la apuesta política por redes codificadas y descentralizadas o la implantación de un identificador virtual que se le asigna a cada ciudadano al nacer.

También un entorno propicio para la innovación, por ejemplo, a través del concepto de "e-residencia", que permite que cualquier persona o empresa solicite la residencia digital en Estonia, como han hecho ya 22.000 extranjeros.

Todo ello ha llevado a Estonia a transformarse, en veinte años, en un hervidero de "start ups" (37 por cada 100.000 habitantes) donde han nacido empresas como la firma de comunicaciones Skype o el gigante del software para apuestas Playtech.

Pero fue sólo hace una década cuando esa república de 1,3 millones de habitantes que se independizó de la URSS en 1991 vivió un punto de inflexión en su historia tecnológica moderna.

En abril de 2007, sin pretenderlo, Estonia protagonizó un nuevo capítulo bélico cuando su Gobierno decidió trasladar un monumento ruso del centro de Tallin a un cementerio a las afueras, iniciativa que enfureció a la minoría rusa del país, el 25 % de la población, y que desencadenó dos noches de disturbios callejeros.

A renglón seguido, una legión de robots informáticos saturó las webs y redes del Gobierno, del Parlamento, de los bancos, los periódicos y los partidos políticos, en lo que se identificó como un ataque dirigido por piratas informáticos rusos contra la infraestructura digital del país.

Estonia acusó al Kremlin de estar detrás del ataque, pero nunca se estableció una conexión oficial entre los piratas y las autoridades rusas, pese a que el virus se programó en ruso y se propagó desde Rusia mientras el Kremlin ignoraba las peticiones de auxilio.

"Nuestra gran amenaza es el vecino del Este", mantiene Mägi diez años después de aquel episodio.

Desde entonces, Estonia se ha convertido en un fortín informático, aún sabiendo "que la protección al 100 % no existe, o que el coste es tan alto que nadie lo pagaría".

"Por eso necesitas planes de respaldo y contención. Lo importante no es el ataque, sino cuánto tiempo tardas en solucionarlo", resume el experto en seguridad informática en un país en el que casarse, comprar una casa o divorciarse son los tres únicos servicios físicos que ofrece el Estado.

Estonia, según ha anunciado el primer ministro, Juri Ratas, inaugurará a finales de este año en Luxemburgo la primera "embajada virtual" del mundo, en la que se almacenará un duplicado de los sistemas y datos públicos estonios.

El pequeño país báltico, donde la OTAN dispone de un centro especializado en Ciberseguridad, quiere compartir sus destrezas informáticas con sus socios europeos.

Y uno de los grandes retos en un ecosistema digital reside en dotarse de medios para combatir el crimen cibernético, que Mägi considera "la forma más segura de cometer delitos y conseguir dinero ilegal".

"En un solo país no puedes solucionar el problema. El cibercrimen no tiene ni fronteras ni horarios", agrega el experto.

A los usuarios les recomienda que recurran a profesionales para proteger sus aparatos, del mismo modo que van al garaje para arreglar sus coches, y a los gobiernos que refuercen la "cooperación internacional y, sobre todo, que terminen con la impunidad de los piratas".

"Todo es seguridad, seguridad, seguridad... pero tenemos que empezar a cazar a los malos", concluye la persona que analiza los informes de ataques informáticos contra infraestructuras críticas de un país que algunos llaman "E-stonia".

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