El viaje a ninguna parte de Luis del Rivero

 Ningún empresario español moderno ha escenificado tan bien la historia de una ambición como Luis del Rivero. Ni siquiera el[…]

 Ningún empresario español moderno ha escenificado tan bien la historia de una ambición como Luis del Rivero. Ni siquiera el hoy desaparecido Luis Portillo, un simple aprendiz por comparación. El presidente de Sacyr Vallehermoso, que hace apenas cinco años asaltaba si éxito las altas torres de BBVA, ha sido protagonista en este último lustro de una ofensiva sin precedentes en todos los sectores -banca, construcción, inmobiliario, autopistas y energía- cuyo saldo, más que cuestionable, provocaría la irritación del más flemático de los accionistas. Hoy es una máquina de vender o, ya veremos, de malvender.

Acosado por una deuda de 18.300 millones a 30 de junio, ha tenido que poner en el mercado hasta ese ojito derecho que es el 20% de Repsol, ese paquete "estratégico" que el empresario murciano presumía de pagar con el dividendo. Y también tiene en el escaparate a Valoriza, y también a Itínere. El negocio de promoción heredado de Vallehermoso no, por razones obvias, y el de Testa, cuyos activos son garantía del crédito para la compra de Repsol tampoco.


Esta úlima, que parecía una buena operación financiera y no tanto estratégica se ha convertido para Sacyr en un problema. Tanto que el 20% en el grupo energético, en el que Sacyr no ejerce el control, vale más en bolsa que todo el grupo constructor y de servicios. Una situación insostenible, que carga de inestabilidad a la acción de Sacyr.


La hipotética venta no es mala en sí misma: reduce la deuda neta del grupo, maquilla los múltiplos y de paso reduce la volatilidad de la cotización. Otra cosa será el precio de venta, por que la diferencia entre el de adquisición y el de mercado supone a día de hoy una minusvalía latente de 1.600 millones de euros.


La horquilla que resulte del precio de venta definitivo será decisiva porque el grupo deberá responder ante sus acreedores con las garantías correspondientes, y que no son otras que los activos de Testa, su división patrimonial. Claro que todo depende de la capacidad de Del Rivero para negociar una buena prima. Salió trasquilado de la venta de la participación en Eiffage y con muchos millones esparcidos por el camino en una batalla legal y financiera muy cruenta,. y ahora se juega el bigote y lo que le queda de credibilidad ante sus accionistas.


Repsol es una pieza codiciada y la prima por un 20% debe ser generosa. Pero cabe recordar que se trata de un grupo con un enorme valor estratégico y que por lo tanto Moncloa -como La Caixa, que nunca ha visto con buenos ojos a Del Rivero como compañero de viaje- nunca aceptaría una subasta al mejor postor.


 Más díficil pinta la venta de la división de servicios, Valoriza, y la del área de concesiones, Itínere Las dos cuentan con un tamaño medio y su venta, total y parcial, estaría condicionada por jugosos descuentos. Vendiéndolo todo y relativamente bien, Sacyr Vallehermoso seguiría siendo un grupo endeudadísimo, en torno a los 10.000 millones de euros.

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