Cajas: Autoestima, capacitación y gestión profesional ya
"El jefe me ha despedido. Esta es la mejor noticia para la empresa, mis compañeros y los clientes". ¿Se imagina[…]
"El jefe me ha despedido. Esta es la mejor noticia para la empresa, mis compañeros y los clientes". ¿Se imagina a usted mismo, un profesional de cualquier nivel, haciendo un ejercicio tan formidable de falta de autoestima? Seguramente le parecerá inconcebible, pero la realidad siempre supera a la ficción. Este domingo, el ya ex presidente de Caja Castilla La Mancha, Juan Antonio Hernández Moltó, soltó estás perlas tras la intervención: "Estamos en las mejores manos en las que puede estar una entidad financiera", o, en relación a los clientes, "que sigan confiando en la entidad en la que han confiado siempre y si cabe ahora más que nunca".
Qué desfachatez la de un gestor que ha ocupado durante una década la presidencia de una caja de ahorros rota por el eje. Lejos de hacer un mínimo ejercicio de autocrítica, casi se congratula de ser uno de los protagonistas de la mayor intervención de una entidad financiera desde la de Banesto en 1993.
Desgraciadamente, el caso de Hernández Moltó no es una excepción en el intrincado universo de las cajas de ahorros españolas. Políticos sin méritos suficientes, médicos y hasta curas, dentro de una amplia panoplia de profesiones y procedencias, ocupan los despachos de las cajas con el visto bueno las fuerzas políticas, las comunidades autónomas y el Banco de España.
Mientras el mundo ha funcionado, la cohabitación entre los outsiders del sector y los profesionales ha sido relativamente soportable. Pero han bastado casi dos años de crisis financiera para sacar a la luz todas las miserias de la gestión de un sector que ha servido, desde el más absoluto descontrol en los casos más sangrantes, para financiar los delirios tanto de los promotores inmobiliarios como de las propias comunidades autónomas. Y también, por qué no decirlo, de los intereses particulares de más de un presidente de una entidad que con el mercado en estado de excepción se ha preocupado más de inaugurar un teatro o un parque previa inyección millonaria de financiación de que poner en orden las cuentas.
El ajuste duro en el sector que recibió el banderazo de salida con la intervención de Caja Castilla La Mancha no debe quedarse sólo en la liposucción de las toneladas de grasa que sobran. También debe afectar a la cúpula de las entidades. Ya es hora de que sean los profesionales los que tomen las riendas, sin interferencias y con el pleno apoyo del Banco de España y las comunidades autónomas. En juego están, no lo duden, la propia superviviencia de un sector obligado a reinventarse. Desde el domingo, su modelo ha reventado.
La realidad es que los directores de orquesta de un buen número de cajas de ahorro no sólo saben menos de música que los intérpretes; el caso es que dirigen de oido de y sus conocimientos no dan ni -con todos los respetos- para sacar adelante Paquito el Chocolatero. La música que suena hoy en la economía y los mercados internacionales es otra. Suena distorsionada y resulta extraordinariamente difícil de dirigir y de interpretar. Dicho de otra manera, exige profesionales capaces de leer una partitura. Tan sencillo y por lo visto tan difícil como eso.