Caiga quien caiga

La banca, el sistema financiero en su conjunto, es como el complejo conjunto de mecanismos que mantiene engrasado el motor[…]

La banca, el sistema financiero en su conjunto, es como el complejo conjunto de mecanismos que mantiene engrasado el motor de un automóvil: el sistema productivo (el motor) gasta unos recursos (el combustible) que transforma en productos (en movimiento, por seguir con el símil mecánico). Pero todo se bloquea si la liquidez no engrasa el sistema. Por eso da tanto miedo que quiebre un banco. O que quiebren bancos en cadena, como ocurrió en la crisis del 29.

Pero a todo se aprende. En España hemos tenido alguna que otra crisis bancaria. Han desaparecido bancos, se han fusionado cajas y el resultado es que nuestro sistema financiero es de lo mejorcito de Occidente y nuestro regulador, el Banco de España, causa ahora envidia en las mecas del ultraliberalismo, que demasiado tarde han descubierto que el "todo vale" (tanto en las finanzas como, por ejemplo, en la política internacional) nos lleva a donde nos lleva: normalmente a la ruina de la mayoría por culpa de la avaricia insaciable de unos pocos (precisamente los que más reclaman libertad para hacer cualquier cosa en su nombre).

La conclusión está clara: que aprendan. Y si, como afirman ahora los reguladores norteamericanos, hay que cerrar bancos o controlarlos con cero dólares para sus accionistas, qué se le va a hacer. Más se perdió en Cuba. Ya que el Gobierno de EE.UU. parece dispuesto a cargar con las hipotecas fallidas que estos chapuceros banqueros regaron por todo el país (y que además titulizaron y convirtieron en ese maligno virus "subprime" que asola los mercados), es lógico que sus accionistas se queden sin nada. Y que sus gestores acaben asumiendo responsabilidades, incluso penales (ya vimos hace semanas la espectacular actuación del FBI, enchironando altos ejecutivos que hasta por correo electrónico habían reconocido ser conscientes de sus fechorías financieras).

Los bancos son imprescindibles. Lo que sobran son bancos malos que van a lo fácil, al todo vale, pero que pierden aceite (y además lo desparraman como chapapote por todo el mundo) en cuanto llega una subida y el motor va apretado de revoluciones para superarla.

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