Botín y su extraño concepto de creación de valor

 "Tenemos una estrategia bien definida y enfocada hacia la creación de valor para el accionista. La adecuada combinación de creación[…]

 "Tenemos una estrategia bien definida y enfocada hacia la creación de valor para el accionista. La adecuada combinación de creación de valor y crecimiento es una estrategia ganadora. Hay pocos bancos en el mundo con perspectivas tan claras de crecimiento". Esto fue lo que dijo Emilio Botín, presidente de Banco Santander, en octubre de 2004 tras aprobar la junta de accionistas la ampliación de capital de 12.541 millones de euros -la mayor de su historia- para comprar Abbey National.

Uno de los diez ganadores de la crisis financiera, según la revista The Times, añadió en aquella ocasión que "en esta operación, como en todas las que hemos realizado en la historia del banco, nuestro objetivo es la creación de valor". "Estamos convencidos de que la compra de Abbey es una buena operación para nuestros accionistas. Tras la compra del Abbey, habrá nuevos inversores en todo el mundo interesados en nuestra acción", aseveró.

Sin embargo, a los accionistas de Santander, cada vez que oyen la palabra ampliación, les entra un sarpullido en su cuenta de valores. Saben que es sinónimo de minusvalía al canto y de una travesía del desierto de la que cuesta salir. De hecho, la acción del banco cántabro cotiza por debajo de los precios de las últimas ocho ampliaciones de capital que ha hecho desde el año 2000.

Un desastre en toda regla que se remonta a los tiempos en los que Botín compró Banespa a principios del presente siglo por la módica cifra de 3.600 millones de euros, pagando en una subasta pública un 281% más que el precio mínimo exigido por el Gobierno de Brasil. En aquel momento, en octubre de 2000, el antiguo Santander Central Hispano cotiza a 10,45 euros.

Después llegaron las que usted quizás recuerden mejor como la de Abbey, la de ABN Amro, la de Alliance & Leicester y la última de Sovereign por destacar las de mayor volumen. Hoy, la acción de Santander cotiza por debajo de los 8 euros y acumula un descenso del 7% desde que dio el salto a la City, un periodo en el que el Ibex 35 ha subido un 13%.

Entre unas cosas y otras, el primer grupo financiero español ha ampliado capital en los ocho años que llevamos de siglo XXI por más de 35.000 millones de euros para que su cotización siga en las mismas o, como ahora, sensiblemente por debajo. Sin duda, una mala utilización de los recursos si equiparamos el concepto de creación de valor con el del comportamiento bursátil o con el coste de capital para obtener beneficios.

La de ayer, a 4,5 euros por acción, con un descuento del 46%, demuestra la debilidad del balance del que Santander tanto ha presumido. Sirve, ni más ni menos, para tapar los agujeros presentes y futuros procedentes de la galopante morosidad por la mala gestión del riesgo.

Nota del Editor: El autor del artículo no dispone de acciones u otros instrumentos financieros ligados a Banco Santander ni a BBVA

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