Banqueros arrepentidos: lágrimas de tiburón
Escribo esto en viernes 13, consciente de que la película de terror bancario no ha terminado, aunque seguramente habría que[…]
Escribo esto en viernes 13, consciente de que la película de terror bancario no ha terminado, aunque seguramente habría que titularla "Tiburón 13, 14, 15...". No sé. He perdido la cuenta: banqueros británicos que acaban de pedir perdón y soltar lágrimas no de cocodrilo, sino de auténtico escualo (mucho llorar, pero ninguno ha dimitido); banqueros suizos que resultan ser los más enfangados en el cenagal "subprime" y sus derivaciones; banqueros norteamericanos, más que presuntos delincuentes, que siguen embolsándose primas y bonus de más de 3.600 millones de dólares mientras su entidad, Merrill Lynch, está siendo rescatada; banqueros españoles que dicen, con mucha razón, que sería arriesgado ahora abrir demasiado la mano del crédito, pero ni siquiera reconocen que se equivocaron cuando la abrieron en exceso y financiaron alegremente a todos esos chapuceros promotores inmobiliarios que construían sin fundamento, desde empresas sin fundamento y que generaron un falso crecimiento del empleo que ahora, sin fundamento también, se derrumba sin más...
Todos nos hemos equivocado. Reguladores y gobiernos que no se enteraron (o no se quisieron enterar) de lo que estaba pasando; inversores que creyeron en un interminable "Eldorado" inmobiliario; analistas incapaces de prever el temporal... Pero no olvidemos nunca el origen financiero de esta crisis, el enorme apalancamiento que, violando las más fundamentales prácticas del negocio bancario, ha adquirido tales proporciones que ahora no hay plan de ayuda, por millonario que sea, capaz de tapar el agujero. Un apalancamiento generado por una interpretación extrema del liberalismo y por una cultura de generación rápida de beneficios... para engordar cuanto antes el bonus, esas millonarias retribuciones que durante años nos han parecido casi normales y que ahora asombran a cualquiera.
Y, mientras, muchos lloros, algunos reconocimientos de culpa, pero pocas dimisiones, escasas repercusiones penales y, por supuesto, nada de devolver los masivos bonus que durante muchos años se llevaron los mismos que inflaron la burbuja. Ahora, al estallar, todo el sistema se desmorona corroído desde dentro, la economía se hunde, el empleo se destruye... pero el bonus permanece (el único consuelo es que quizás alguno lo invirtiera en acciones de su propia entidad, ahora aplastada en bolsa o nacionalizada, en fondos de Madoff o en casas que nos les van a dar ni para pagar la fianza).
Sinceramente, sigo viendo pocas salidas. Salvo seguir nacionalizando el sector financiero y, mientras tanto, acelerar en el factor que ayudará a devolver algo de confianza a la economía, a los inversores y a los ciudadanos en general: exigir seriamente responsabilidades y comenzar la cacería (palabra muy de moda) del tiburón... aunque sea de la subespecie "llorón".
Por cierto, una modesta sugerencia para Barack Obama: señor presidente de todos, nombre jefe de la SEC a Harry Markopoulos.