Banca privada y hedge funds, castigados sin ver al Real Madrid

La hecatombe que han vivido este año los mercados financieros ha obligado a una reestructuración histórica en las formas de[…]

La hecatombe que han vivido este año los mercados financieros ha obligado a una reestructuración histórica en las formas de trabajar. Banqueros de inversión, estrellas del capital del riesgo y prestigiosos gestores de grandes fortunas son especies en busca y captura por haber puesto patas arriba al sistema financiero mundial.

El tsumani y el descubrimiento de la ligereza con la que usaban el dinero de los accionistas y clientes ha obligado a apretarse el cinturón y dar ejemplo. Se acabaron las francachelas en restaurantes de lujo, los regalos millonarios, las regatas en yates de 100 metros de eslora, los viajes en business a un kilómetro a la redonda y los bonus hirientes para el común de los mortales.

Varias entidades han comenzado a tomar medidas estrictas. Un banco suizo de gran prestigio ha decidido dejar de invitar a sus clientes VIP al fútbol en el Santiago Bernabéu, a las monterías por las serranías de Extremadura y a los partidos exclusivos de golf en Sotogrande. Hay que ahorrar y se acabó lo de pagar 300.000 euros por el palco privado para ver al Real Madrid con cena, postre y copas incluidas, servidas por el excelente catering de Mallorca.

Nada de batidas de grandes presas en fincas privadas un martes por la mañana, con comilona y Cohiba de 100 euros la unidad para celebrar el trofeo. Ni que decir tiene que ya nadie plantea la idea de darse una vuelta por África para disfrutar de un safari. Y menos aún viaje en jet privado a embocar 18 hoyos y bajar el handicap en los mejores campos de Europa.

Se imponen el raciocinio, la prudencia y la austeridad, hasta el punto de que la tradicional fiesta que el banco hacía para los niños de los empleados se ha terminando haciendo en las propias oficinas para no alquilar un local que cueste dinero. "Los clientes lo entienden. Yo creo que incluso no les importa porque su verdadera preocupación es no haber perdido el dinero. Lo que quieren es mucha información y máxima transparencia", explica un directivo que gestiona más de 600 millones de euros en varios fondos.

En definitiva, que por un tiempo, presuntamente largo, el elitismo pasa a un segundo plano. Hasta el punto de que probablemente se sentirá mejor tratado el cliente de un banco tradicional, que por una imposición de 3.000 euros en seis meses se lleva una vajilla de La Cartuja, una manta de Zamora o una televisión de plasma de 25 pulgadas. Regalos, por cierto, muy útiles para estos tiempos que corren en los que no se ahorra como estando en casa.

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