Aún queda un mercado como los de antes

Hombres y mujeres de pelo canoso, algunos encorvados por la edad, se sientan delante de ordenadores anticuados en cajas de madera. Son traders de acciones, que pasan una mañana de un jueves en la sucursal de Quyang Road de Zhongtai Securities Co.

No resulta fácil saber si en un edificio de tres plantas de un área residencial de Shanghái se aloja un bróker de valores o un centro de la tercera edad. En la primera planta, hombres y mujeres de pelo canoso, algunos encorvados por la edad, se sientan delante de ordenadores anticuados en cajas de madera. En la planta superior, personas sentadas en salas VIP, algunas leyendo el periódico, otras jugando al póker y alguna que otra, pelando y comiendo gambas. 

Son traders de acciones, que pasan una mañana de un jueves en la sucursal de Quyang Road de Zhongtai Securities Co. Los inversores particulares suponen hasta el 80 por ciento del volumen de las operaciones en un mercado de valores como el de China, que mueve 7,6 billones de dólares. Y estarán entre los que se encuentran al otro lado de la operación a medida que los gestores de fondos globales entran en masa en la bolsa china tras la decisión de MSCI Inc. de incluir algunas de las acciones A de China continental en su índice de mercados emergentes a comienzos de año. Las bolsas chinas siguen la pauta que marca el inversor minorista desde sus inicios. Aunque las bolsas de Shanghái y Shenzhen se crearon en 1990 y 1991 respectivamente, los primeros fondos mutuos no abrieron hasta una década después. Los órganos reguladores están tratando de profesionalizar la bolsa promoviendo el sector de la gestión de fondos, pero los constantes escándalos (como los casos de gestores de fondos que se aprovechan de sus clientes) han llevado a los inversores a elegir por sí mismo las acciones. Es una de las razones por las que los mercados de valores en China son tan volátiles. «El inversor minorista chino no realiza investigaciones fundamentales profundas y tiene mentalidad de manada, y las acciones pasan del modo «entrada» al modo «salida» muy rápido, afirma Victoria Mio, responsable de inversión en China de la unidad en Hong Kong de Robeco Groep NV. 

Pese al aumento del trading en PC y smartphones en todo el mundo, muchos inversores en China siguen prefiriendo operar en las sedes de los brokers, incluso pagando comisiones más altas. Este hábito ha provocado una guerra de posiciones entre las compañías para ampliar sus oficinas físicas. Existen 17 oficinas para este tipo de actividad solamente en el Tibet, y más de 10.000 en toda China, según un registro de la Asociación del Mercado de Valores de China.
Más del 70 por ciento de los 20.000 clientes de la oficina de Quyang Road de Zhongtai tienen más de 60 años, según Miao Zhuli, director de la oficina. «Para ellos, esta es como su segunda casa», afirma. «A veces vienen solo a pasar el rato, sin hacer ninguna operación». Miao lleva en el negocio 17 años. Comenzó cuando los inversores minoristas presentaban las órdenes en papel. Los brokers fueron introduciendo los terminales de trading poco después y los traders minoristas siguieron operando. 

Fase similar

Las bolsas de EE.UU. vivieron una fase similar. La proporción de valores cotizados en EE.UU. gestionados por instituciones no superaba el 7 u 8 por ciento en valor de mercado en los años 50, pero este porcentaje no dejó de aumentar en las seis décadas siguientes, hasta alcanzar cerca del 67 por ciento en 2010.

Qiu Jiewen, de 55 años, se desplaza durante 44 minutos en bus desde su casa hasta la sucursal de Zhongtai todos los días de la semana para operar con acciones en la segunda planta. El factor principal para ella es el contacto humano, afirma. Más el té y los snacks gratuitos. «Me gusta el ambiente» afirma Qiu, que posee una cuenta de acciones por valor de cerca de 3 millones de yuanes (438.470 dólares). «Tienen un buen servicio. Ganas algo de dinero y te lo pasas bien». Qiu paga una comisión del 0,3 por ciento, cerca de 10 veces lo que pagaría si operara online. Elige sus acciones basándose en consejos de amigos y consultores de la oficina y no se preocupa mucho por las cifras como la relación precio-beneficio ni las ganancias por acción. 

Para los gestores de fondos globales, esto tiene ventajas e inconvenientes. La inclusión de las acciones A de China en un índice con tanto seguimiento supone que llegarán a más fondos de índices, aunque por ahora solamente cuenten con asignaciones modestas. Los gestores más activos cuyos resultados se comparan con el índice también tendrán que prestar más atención a las acciones chinas. 

Algunos gestores creen que este es un mercado que podría ofrecerles ventajas. «No es fácil superar a las referencias en los mercados desarrollados», afirma Gao Ting, responsable de estrategia de China en UBS Securities Co. en Shanghái. En mercados como EE.UU. y Europa donde predomina el inversor institucional, a los profesionales les cuesta mucho arrojar mejores resultados que los índices de fondos, porque la información nueva sobre las acciones suele reflejarse muy rápido en su precio. Sin embargo, China se presenta como un «terreno abonado para generar alpha», afirma Mio, de Robeco, en terminología típica cuando se habla de superar al mercado. Dicho de forma más clara, los profesionales podrían aprovechar los errores de los aficionados. 

Pero todo esto es hipotético. Otro agente fundamental en el mercado chino es el Estado, un enorme accionista en muchas compañías. Y para poder aprovecharse del mercado de valores, no basta con acertar; el mercado también tiene que acabar estando de acuerdo contigo. Entre tanto, los mercados chinos pueden provocar una volatilidad vertiginosa, como los enormes batacazos de 2015 y principios de 2016, y resultados completamente dispares. Por ejemplo, las acciones del sector sanitario han arrojado unos resultados casi tres veces superiores al resultado de referencia del Índice CSI 300, según Gao. Estas son buenas noticias para un gestor que acierten con las operaciones, pero los inversores que no entraron en el sector de la salud podrían obtener resultados mucho peores. 

«Las bolsas chinas ofrecen muchas oportunidades, pero los gestores extranjeros tienen que comprender plenamente todos sus trucos y las particularidades, para tener éxito», afirma Allen Kuo, director de inversiones en el mercado abierto en Gopher AM, que gestionó 120.900 millones de yuanes a final del año pasado. El último ejemplo de dichas particularidades: las acciones de Shenzhen-listed Wisesoft Co. subieron un 6,4 por ciento, con un volumen de negociación que multiplicaba por seis la media de tres meses, el día siguiente a las elecciones presidenciales de 2016 en EE.UU., quizás porque su nombre en lenguaje local «Chuan Da Zhi Sheng sonaba igual que «Trump Wins Big».

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