Luxor y Asuán esperan en letargo el regreso de los turistas

Templos casi vacíos y cruceros amarrados sin visos de surcar a corto plazo el Nilo es la estampa que presentan las ciudades de Luxor y Asuán, cuyas ruinas faraónicas esperan impertérritas el retorno de los turistas.

Más inquietos que los templos se muestran la mayoría de los habitantes de estas urbes monumentales, que se dedican -o se dedicaban- a un sector que hasta hace pocos años era uno de los principales motores económicos de Egipto.

El gobernador de Luxor, Mohamed Badr, reconoce a los periodistas que su ciudad depende del turismo desde hace décadas y que de las 1.500.000 pernoctaciones y las 3.500.000 visitas de día alcanzadas en 2010, ahora solo reciben alrededor de un 15 por ciento.

Y es que desde la revolución de 2011 el turismo se ha desplomado, pero la gota que colmó el vaso fue el atentado terrorista contra un avión ruso en la península del Sinaí, que sesgó la vida de 224 personas en octubre pasado.

El reciente siniestro del avión de Egyptair en el Mediterráneo es el último caso que daña la imagen del país, aunque muchos de los que viven del turismo no consideran que tendrá un gran impacto, porque a peor ya es imposible que vaya la situación.

"El turismo está hundido y es nuestra principal fuente de ingresos. Más de veinte millones de egipcios viven directa o indirectamente del turismo", se lamenta a Efe Mustafa Mahdi junto a su tienda en el templo de Karnak.

Mahdi, que regenta desde hace quince años este negocio, saboreó los años dorados en los que las riadas de turistas que acudían a Karnak compraban los recuerdos faraónicos de su establecimiento.

Entre las numerosas causas de su desdicha, el comerciante destaca la tragedia del avión ruso.

En esa época, ante la escasez de visitantes europeos atemorizados por los continuos conatos de violencia en el país, Luxor dependía de los turistas rusos que solían pasar un día en la ciudad en el marco de sus vacaciones de sol y playa en los destinos del mar Rojo.

También han desaparecido del mapa los turistas españoles, habituales hasta antes de 2011 de los cruceros del Nilo, y los latinoamericanos, especialmente después del ataque del Ejército egipcio que acabó con la vida en septiembre pasado de ocho mexicanos, explica Mahdi.

Ahora, la mayoría son chinos, pero estos casi no se fijan en sus mercancías y gastan poco dinero en recuerdos, cuentan con amargura los vendedores, que ven como sus mercancías se llenan de polvo mientras comercios vecinos cierran ante la falta de clientes.

Los turistas chinos consultados por Efe no mostraban temor a la situación que atraviesa Egipto, pero no ocurre lo mismo con los europeos, que a cuentagotas se dejan caer por los templos de Karnak y Luxor, el Valle de los Reyes o por los puntos turísticos de Asuán, como la presa.

Mientras toman fotos del lago Náser desde la citada presa, las españolas Susana Muñoz y Rosa García admiten que de no haber sido invitadas a una conferencia en El Cairo, no estarían realizando un crucero por el Nilo.

"En el pasado si que hubiéramos venido, pero ahora da un poco de miedo, aunque quizás es más el miedo que siente la familia", dice a Efe Muñoz, profesora universitaria, que señala no obstante que por el momento no se ha sentido insegura.

Incluso el número de participantes a la conferencia ha sido menor que en ediciones anteriores celebradas en otros países y a los organizadores, entre ellos García, les preguntaron si querían venir o no a Egipto.

Una "alarma extra" causó el hecho de que todos volaban con Egyptair, la aerolínea cuyo Airbus A-320 se estrelló este mes, agrega García.

Estas dos madrileñas son de los pocos turistas que se embarcan ahora en uno de los cerca de 400 cruceros disponibles entre Luxor y Asuán, de los que en estas fechas solo funcionan entre 30 y 40, mientras que la ocupación hotelera roza el 20 por ciento, según los datos proporcionados por varios guías turísticos.

La falta de visitantes extranjeros se está intentando paliar con el turismo local, al que las autoridades animan con campañas a viajar por el interior del país.

El problema es que las tarifas para los egipcios, tanto en estancias hoteleras y en cruceros, como en las entradas a los monumentos, son muy inferiores a los precios que pagan los extranjeros.

Los otros grandes damnificados por el declive del sector son los guías turísticos, algunos de los cuales han cambiado de trabajo o viajado a los países del Golfo a buscar trabajo, asegura a Efe el guía de Asuán Zakaria el Sayed.

Otros, como él mismo, "se han quedado esperando a que la situación mejore" y a que, como ocurrió tras los atentados contra objetivos turísticos de la década de los 90, todo quede en el olvido y "los turistas regresen a Egipto".

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