Durante mucho tiempo, el sector financiero ha tenido fama de opaco. Contratos llenos de letra pequeña, condiciones ocultas en cláusulas incomprensibles, comisiones que aparecen de la nada...
Durante mucho tiempo, el sector financiero ha tenido fama de opaco. Contratos llenos de letra pequeña, condiciones ocultas en cláusulas incomprensibles, comisiones que aparecen de la nada...
Durante décadas, firmar un contrato financiero implicaba un ritual complejo: acudir físicamente a una oficina, presentar documentación en papel, leer páginas y páginas de letra pequeña, firmar a mano múltiples veces y esperar días para que el proceso se completara
Durante décadas, firmar un contrato financiero implicaba un ritual complejo: acudir físicamente a una oficina, presentar documentación en papel, leer páginas y páginas de letra pequeña, firmar a mano múltiples veces y esperar días para que el proceso se completara