FAANG: ¿Son las técnológicas un riesgo para las carteras?
Desde 2013 el sector tecnológico ha experimentado una evolución positiva en bolsa, y este año, los retornos de este sector[…]
Desde 2013 el sector tecnológico ha experimentado una evolución positiva en bolsa, y este año, los retornos de este sector han superado a los del mercado. Teniendo en cuenta que desde la crisis financiera el peso de las empresas tecnológicas ha aumentado del 17% al 26% en el índice MSCI World, analizamos los riesgos y oportunidades que presenta el sector para las carteras de los inversores.
En lo que va de año, el índice S&P500 registra un ascenso del 1,85%, mientras que el subíndice tecnológico, liderado por las acciones conocidas como FAANG (Facebook, Apple, Amazon, Netflix y la matriz de Google, Alphabet), registra un aumento de más del 10%. En este contexto, la realidad para los inversores en los índices ponderados por capitalización es que, sin las FAANG, el rendimiento anual hasta la fecha del S&P500 hubiera sido de -0,19%1.
En las valoraciones, el ratio PER para el sector tecnológico del S&P500 es de 18,9 veces las ganancias estimadas en los próximos 12 meses, comparado con las 16,5 veces del índice general y a un nivel lejos de niveles de riesgo, si lo comparamos con los datos de la última década. Conviene recordar que en 2007-2008 se alcanzaron niveles de PER cercanos a las 51 veces, similares a los ratios vistos la burbuja de 2000.
Merece la pena recordar lo sucedido con la burbuja tecnológica. Las cuentas de resultados de hoy son mucho más saludables que hace 18 años, cuando el sector tecnológico representaba el 32,9% de la capitalización del S&P500 (y el 33,4% del índice MSCI) en su punto más alto. En marzo del 2000, las acciones tecnológicas ofrecían al inversor un margen operativo de solo un 14%, comparado con el 27% de hoy, y las empresas de tecnología poseen liquidez equivalente al 11% de su capitalización bursátil, muy por encima del 2,5% en el año 2000. El rendimiento del flujo libre de caja es cuatro veces más alto en la actualidad, situado en un 4,5%.
Mientras algunos inversores consideran las acciones de gran capitalización FAANG como un refugio frente a la volatilidad, lo cierto es que es la diversidad de valores del sector la que ofrece un mayor atractivo a los inversores. Cada segmento y subsegmento ofrece distintas características de crecimiento y valoraciones descorrelacionadas que ofrecen a los gestores oportunidades para encontrar valor ¿Cuáles son los principales peligros de la tecnología, más allá de su aproximación a unas valoraciones sobrecalentadas?
Claramente, existe un coste creciente de demandas regulatorias, así como la amenaza permanente de piratería informática o una mala gestión de datos. Aunque no suponen necesariamente una amenaza existencial, este tipo de incidentes pueden dañar el sentimiento, tanto de consumidores como de inversores. Un ejemplo de esto es, por ejemplo, la caída de casi un 20% de las acciones de Facebook como consecuencia de las noticias publicadas sobre sus vínculos con Cambridge Analytica. Este hecho ha obligado a Facebook a comprometerse a contratar a más de 5.000 trabajadores en seguridad y control de contenidos.
Mientras tanto, las empresas tecnológicas están empezando a competir entre ellas. Amazon, por ejemplo, ha entrado en territorio de Google y Facebook en la búsqueda de ingresos por publicidad, mientras que Google y Tesla están ambos en la carrera por desarrollar vehículos automáticos seguros, y Apple TV está intentando competir con Netflix. Mientras las grandes empresas tecnológicas se expanden en los mercados de sus competidores, las presiones sobre los márgenes solo pueden aumentar.
Las amenazas arancelarias de EEUU han afectado directamente al sector en las últimas semanas, lo que ha provocado una venta masiva de acciones el pasado 25 de junio, concretamente en los mercados de semiconductores en China. Las cadenas de valor de la tecnología se encuentran profundamente interrelacionadas y creemos que el posicionamiento político en torno al comercio se resolverá antes de que se produzca algún daño importante a largo plazo en las perspectivas de crecimiento económico de EEUU, China y demás.
China es lo suficientemente grande como para ser un modelo de éxito tecnológico por sí mismo. Actualmente representa alrededor de un tercio del mercado tecnológico, y en el largo plazo, todavía existe mucho margen para crecer tanto en el mercado interno de tecnología de consumo como en sus ambiciones globales. Según las últimas cifras del Banco Mundial, el país ha experimentado un crecimiento extraordinario en el porcentaje de la población que utiliza internet, de un 8% en 2005 a algo más del 50% en 2016. Todavía está muy por debajo del 76% de EEUU y del 95% de Reino Unido, lo que incrementa el potencial de crecimiento.
Los subsectores tecnológicos ya se están dividiendo para ofrecer rendimientos diferenciados entre software y servicios (el subgrupo de mayor rendimiento, tecnologías de la información, semiconductores y equipos y hardware). También podemos apreciar como los inversores diferencian entre usuarios de tecnología y desarrolladores de tecnología dentro del sector. Esto quiere decir que, mientras Netflix usa internet para distribuir contenido, la empresa no está construyendo nuevas tecnologías para transmitir películas. Nadie insiste en la idea de que una aerolínea sea una empresa tecnológica simplemente por el hecho de comprar asientos por internet.
Históricamente los inversores han optado por valores del sector de consumo básico para sobrevivir a una recesión económica. A medida que la innovación madura, las empresas tecnológicas están tan profundamente integradas en nuestras vidas que están más cerca de parecer una inversión más propia de una filosofía value, que de una filosofía growth. Si pensamos en un producto como el iPhone de Apple, vemos como los consumidores lo consideran como un producto básico.
La evolución de internet ha atravesado tres fases de innovación. Lo que comenzó con el foco en el contenido, más tarde empezó a proporcionar servicios, a lo que siguió el aumento de las compañías de redes sociales. En la siguiente etapa, conocida como "internet de las cosas", veremos máquinas aprendiendo a hablar entre ellas y cómo la inteligencia artificial interviene cada vez más entre las personas y el mundo en general, abriendo nuevas vías de crecimiento para las empresas e inversores más ágiles.
Stéphane Monier, Jefe de Inversiones de Lombard Odier